En la Colección de arte egipcio de la ciudad de Munich Hick lava con jabón y toalla la estatua de Osiris. Le seca la cabeza con un secador y le pone crema. Hick pretende que la deidad le facilite una cita con la faraona Hatschepsuth. Una momia sale de su sarcófago y se aleja, un poco tiesa en sus movimientos, del museo.