Ricardo Bofill debuta como director con Hot Milk, una comedia pícara que llega a las salas españolas con una historia vacía y absurda. Protagonizada por Ana Turpin, el filme gira en torno a una joven de pueblo que se embarca en la aventura de su vida cuando decide hacer su sueño realidad y vivir 'la vida loca' en Ibiza... bailando. Confundida por el maravilloso mundo que la rodea, Esther se deja llevar por el hipnotizante paraíso bailable, de fiestas y alcohol. En resumen, Hot Milk es una película divertida pero exagerada, con elementos vacíos y una historia que no nos deja absolutamente nada. Las actuaciones son simples, sin destacar ninguna de ellas, ya que en realidad los actores parecen estar pasándoselo realmente bien siendo ellos mismos.
Probablemente puedan disfrutar de esta película aquellos amantes de la prensa rosa y de los escándalos televisivos, donde las historias son absurdas y poco creíbles.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.