"Hostel" es una película de horror americana con un corte clásico y buena factura. Entre los productores ejecutivos del film se encuentra Quentin Tarantino, dato que podría servir de pista a algunos para saber ante qué nos encontramos. La película no ha sido barata, y la calidad técnica de la imagen y los efectos especiales dan buena prueba de ello. Pero al exceso (necesario) de sangre, el director Eli Roth suma una tensión que crece constantemente y un montón de sustos inesperados. Fiel al género, Roth se las apaña también para mostrar en escena un buen número de pechos desnudos. "Hostel" tiene una fortaleza visual innegable: es una de esas películas que hacen al espectador apartar los ojos de la pantalla para volver, un momento después, a mirar por curiosidad. Hay poco que comentar de este tipo de argumentos (asesinatos en cadena) sin explicar el orden en que los personajes mueren: lo importante es cómo Roth captura el horror del asesinato y a la audiencia. El director consigue además crear suspense con una idea base que parece de entrada trillada. Un defecto de la película, difícil de sobrellevar, es sin embargo que la acción verdadera y muchas de las explicaciones pertinentes no se dan hasta que casi la mitad del metraje ha pasado ya por el proyector. No discutiremos tampoco el carácter moral o la finalidad última del filme, porque difícilmente podían conseguir sus autores hacer algo más que un terrorífico entretenimiento. Aquí han cumplido su misión, aunque no sabemos el daño que la película podrá hacer a la industria turística de Eslovaquia. Mención aparte merece el excelente trabajo de los responsables de sonido.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.