"Héroes imaginarios" es un filme que pugna difícilmente por mantenerse entre la comedia y el drama, que se ve forzado en este sentido, y que se resiente por ello innecesariamente. Aunque el amargo retrato que Dan Harris hace de una familia suburbana es interesante y con un buen fondo, el tono general tiende inevitablemente hacia la tragedia, cuando su responsable intenta buscar el humor y fracasa. La única que cruza con éxito un par de veces la frontera entre comedia y tragedia, unificándolos en algunas escenas, es Sigourney Weaver, que por sí misma hace valiosa "Héroes imaginarios". Sus muchos fans no deberían perder la ocasión de ver en acción a una de las grandes actrices norteamericanas que menos se prodigan en el cine. Harris ha mimado, obviamente, este papel por encima de los demás, al escribir sobre una mujer que, ante la muerte de su hijo, responde regresando a su adolescencia para refugiarse del dolor. El resto de actores, aunque correctos, funcionan con personajes más estereotipados que rozan la torpeza y la farsa. Dividida en cuatro episodios, uno por cada estación del año, "Héroes imaginarios" comienza con gran fuerza e inventiva pero pierde fuelle a partir de la mitad exacta. Puede intuirse detrás de todo esto, la mano de los productores, forzando la película hacia unos cauces más comerciales, o cierta premura por terminar el guión. Es notable, sin embargo, la agudeza y calidad del análisis humano que Harris deja entrever en muchos momentos, sobre todo considerando que el director sólo tiene 25 años.
Mark Wahlberg se mete en la piel de uno de los personajes más carismáticos de los videojuegos, un atormentado policía en busca de los asesinos de su familia.