No es una secuela de "Top Gun" y sus responsables dicen haberse basado en un cómic de Uderzo; sin embargo, "Héroes del cielo" participa en gran medida de la película de pilotos modernos por antonomasia, incluyendo una trama sencilla, la importancia de la amistad profesional, la música rock en la banda sonora y el acelerado montaje que caracteriza a este tipo de filmes. Lo más interesante, aunque no es nuevo, es que Francia tenga la capacidad de emular con tanta calidad el cine estadounidense comercial. Lo peor de esta imitación es que "Héroes del cielo" adopta muchas de los puntos débiles de "Top Gun", sobre todo la insatisfactoria trama dramática que sirve de apoyo a la película. Pero el meollo de la cuestión no es si la vida militar está tratada con demasiado glamour, que el argumento romántico sea débil o que la tensa relación entre los protagonistas y sus superiores no tenga nada de original y sean clichés de tebeo. La justificación de la película es en realidad la acción aérea, altamente conseguida por el director Gérard Pirès, las escenas de vuelo, piruetas y batallas a las que el drama sólo sirve de aderezo. "Héroes del cielo" funciona donde debe: entretiene sin mayores pretensiones y hace que uno se agarre al asiento, emocionado y aguantando el aire, en más de una ocasión.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.