Cuando alguien dijo que los ricos son diferentes que el resto de los mortales, probablemente estaría pensando en Ogden C. Osborne (Donald Sutherland) el multimillonario de "Gente poco corriente". Con esos ojos azules que te miran intensamente y rostro patriarcal, Sutherland da vida a un viejo aristócrata orgulloso que se va a la ruina, que sabe demasiado sobre el lado oscuro del ser humano. Cualquier debilidad de la cinta se subsana en cada una de las apariciones del actor. La cinta cuenta la vida de una madre de clase trabajadora y un hijo adolescente que vive en Nueva York. En el verano de 1980, detienen a Finn por ir a comprar drogas para su madre (Diana Lane). Para reconducir su vida, se van a casa de su amante, el señor Osborne. Lo curioso de la cinta es que se establece un continuo paralelismo entre estos personajes (a los que se suman los nietos de Osborne) con la tribu de los Ishkanani, cuyos ritos está investigando el padre de Finn en América del Sur. Los dos sistemas son igualmente perversos. El error que comete el realizador es que se excede en comparar. Tras ver las primeras escenas de "Gente poco corriente" se podría pensar que Griffin Dunne da un gran salto hacia adelante después de las flojas "Adictos al amor" o "Prácticamente magia". En los primeros minutos da la sensación de que Dunne nos va a presentar otra cinta con el típico tema: "después del verano, nada volverá a ser igual", es decir, historias para ver en un día lluvioso tumbado en el sofá. Pero no, nos encontramos con una comedia un tanto excéntrica que va más allá. Una cinta entretenida, pero sin muchas más pretensiones. Diane Lane y Donald Sutherland, como el cascarrabias amante ricachón, son lo mejor de la película. El film está basado en la novela de Dirk Wittenborn quien además ha elaborado el guión y tiene un pequeño papel.
En ‘La venganza de los caídos’ Autobots y Decepticons vuelven a combatir por el control del planeta. Shia LaBeouf y Megan Fox repiten sus papeles de la primera entrega.