Aunque Jaume Balagueró haya conseguido crear una gran expectativa con su nueva película de terror Frágiles, el filme es, en realidad, una de las películas de terror más banales e insoportables de 2005, que deja el recuerdo de una historia tonta que molesta por el abuso de los efectos de sonido. Al igual que la estética que el fotógrafo Xavi Giménez usase anteriormente en The Machinist (producción como ésta de Julio Fernández), con una escena escasamente iluminada y marcados contrastes, se vuelve exagerada en este filme, haciendo imposible distinguir hasta las siluetas de los personajes. A pesar de tener una idea que se muestra interesante no hay absolutamente nada. En la isla de Wight, en Reino Unido, hay un hospital infantil que debería haber cerrado sus puertas hacía tiempo pero que por circunstancias aún no lo ha hecho. A él llega Calista Flockhart, como Amy, para sustituir a una enfermera de turno nocturno que no aguanta más la tensión emocional de su trabajo. Cuando comienza el traslado de los pacientes varias coincidencias climáticas e inexplicables lo evitan, mientras una niña-fantasma comienza a acechar a la pobre Amy y sus pacientes. La base de la historia es original pero su desarrollo es sencillo y poco sorprendente. Dan más miedo los diálogos de los personajes que el gore y la sangre que salpican el filme.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.