Desde hace unos años hemos presenciado el nacimiento de género, no oficial, del "cine de chicas" o "cine para chicas". La definición se usa aunque en el fondo es peyorativa, y se aplica a las películas que sustituyen a un grupo de machitos con problemas mentales por un grupo de mujeres. El cambio de género, por lo general, no resuelve nada. Aunque ha habido de todo, las expectativas que este tipo de películas pueden crear no son muy promisorias. Son habituales las confusiones entre sentimentalismo y "ñoñería", y entre mala leche y mal gusto. "En sus zapatos" esquiva bastante bien estas fallas, demostrando que no todo el género está perdido, y que incluso la definición está obsoleta. El film se abre con una propuesta estereotipada, más digna de una teleserie que del celuloide. Sin embargo los clichés se desmontan enseguida, dirigiéndose todo el aparato cinematográfico hacia un drama agridulce con serias connotaciones. Curtis Hanson, galardonado director de "L.A. Confidencial" y de películas menos apetecibles, nos lleva en un tranquilo viaje hacia el meollo del enfrentamiento entre belleza física e inteligencia. Dos hermanas, inteligentemente interpretadas ambas por Toni Collete ("La boda de Muriel") y Cameron Díaz ("Como ser John Malkovich"), se enfrentan desde mundos diferentes a sus vidas insatisfechas. Cuando aparece de la nada una abuela de la que desconocían su existencia, interpretada por una Shirley McLaine muy en su línea de vieja chiflada, ambas encuentran la posibilidad de cambiar. "En sus zapatos" hace referencia a un refrán aparentemente difícil de seguir: estar "en los zapatos" del otro, en la piel ajena, parece imposible pero puede hacerse. Sería mucho más fácil, puesto que todos nos consideramos inteligentes a nuestro modo pero no siempre tan atractivos como Cameron Díaz, centrar la historia en una chica guapa pero hueca que aprende a valorar lo que no se ve. Sin embargo "En sus zapatos" describe la evolución de las tres mujeres, abuela y nietas, y esto es lo fantástico: las tres aprenden. Con momentos de gran belleza la película se dirige hacia un final inevitable, pero no obvio ni predecible. Cuando termina, queda la sensación de haber presenciado un trabajo completo, hermoso, lógico. Y a la vez sorprendente.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.