En una granja de vacas lecheras, en medio de un maravilloso y verde valle, vivían dos amantes, Lucinda (Danielle Cormack) y Rob (Karl Urban) y sus ciento diecisiete vacas llevaban una existencia encantada en una tierra mágica. Así de excéntrico es el argumento que da vida a El precio de la leche, película neocelandesa dirigida por Harry Sinclair. Su autor comenta que se trata de un cuento de hadas que empieza en el momento en el que la mayoría de los cuentos terminan felices para siempre. Igualmente, asegura haberse inspirado en el paisaje y en la música de Sergei Rachmaninov y Nikolai Tcherepnin, y realmente a ambos elementos se les trata con un cuidado importante dentro de la película.La segunda obra de este director pretende desmarcarse de otras producciones y de las formas convencionales de hacer cine, y por momentos lo consigue. Otra cosa es que consiga enganchar al espectador. Si te gusta la estética de los cuentos de hadas con un toque diferenciador que le haga desmarcarse del resto quizá esta sea tu película para una tarde de verano.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.