Terrence Malick, autor de "Malas tierras" (1973) y "La delgada línea roja" (1998), vuelve con su cuarta película en más de tres décadas: "El nuevo mundo", una revisión de la historia de John Smith y Pocahontas que rebosa inteligencia y belleza con un ritmo sosegado. Malick demuestra tener menos interés en la historia como asignatura de estudio que en la poesía y sutileza que se esconden detrás de los grandes acontecimientos: no deja de apelar a la razón, pero lo hace a través de unas portentosas imágenes fotografiadas por Emmanuel Lubezki y un fino guión en el que se plantean más preguntas que respuestas se ofrecen. Malick demuestra una sensibilidad suprema a la hora de recrear a Pocahontas, una de las primeras pobladoras del "nuevo mundo" que sufrirían la encontrada energía, creadora y destructora a la vez, de los viajeros ingleses. El romance entre Smith y Pocahontas lo trata el director y guionista como un mito, desarrollándolo casi en otro nivel de realidad, haciéndolo etéreo; Malick usa la historia de amor sólo para contrastar y hacer más íntimos los horrores que, desde hace al menos 400 años (momento en que se sitúa la historia), vienen cometiéndose en nombre de la civilización. Algunos espectadores distinguen entre las películas que deben verse en pantalla grande y aquellas que pueden esperar al DVD; Con "El nuevo mundo" no debe dejarse pasar la oportunidad de visionarla en un cine, pues su fotografía y sonido espectaculares arrebatarán a cualquier espectador para hacerlo rehén de una no menos formidable historia épica. Collin Farell resulta al principio una extraña elección para la película, pero Malick consigue moldear sus excesos para sacar lo mejor de él. Q"Orianka Kilcher es, por otro lado, un hallazgo maravilloso.
Mark Wahlberg se mete en la piel de uno de los personajes más carismáticos de los videojuegos, un atormentado policía en busca de los asesinos de su familia.