"El milagro de Henry Poole" es un proyecto personal del cineasta Mark Pellington después del buen trabajo realizado con "Arlington Road". Pero esta vez no le ha salido bien. La película empieza con el tal Henry visitando una casa con la idea de comprarla. No le importa el dinero, ni el barrio, ni las condiciones de la vivienda. Le han diagnosticado una enfermedad mortal y su único objetivo es morir en soledad y volver al barrio donde se crió. Sin embargo, se encontrará con unos vecinos que le intentarán hacer compañía, muy a su pesar. La película mezcla drama con comedia de manera correcta pero tiene un gran fallo: demasiada religión. El director se empeña en mostrarnos la idea de que sólo un verdadero creyente puede superar el problema al que se enfrenta el protagonista y morir en paz, de que la justicia divina pone todo en su lugar, de que la falta de creencia en Dios es un fracaso personal. Un ejemplo son los nombres de los personajes: Esperanza, Amanecer, Paciencia... Eso sí, no hay que desmerecer la actuación de Luke Wilson, el protagonista, quien ofrece una gran actuación, mostrándonos a un hombre rabioso y angustiado.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.