Basada en el clásico de Frank Sinatra, El mensajero del miedo es una de las mejores remakes realizadas hasta el momento. Denzel Washington protagoniza al veterano de guerra de la guerra del Golfo, Ben Marco, un hombre nervioso que vive perseguido por pesadillas sobre su compañero de batallón, Raymond Shaw, y unos asesinatos que no recuerda con claridad. Shaw está a punto de convertirse en político, como su madre, una senadora que lo está ayudando para que sea el nuevo vicepresidente. Pero las sospechas de Ben de que algo más sucedió en Kuwait lo llevan a sospechar de los honestos propósitos de su compañero y su madre. Con un magnifico guión de Daniel Pyne y Dean Georgaris, la historia mantiene la misma sensación de paranoia de la versión original.
Meryl Streep se merece una nueva nominación a los Oscar por su papel en esta película; Denzel Washigton está bien en la historia, pero su papel es un poco cansador y repetitivo, llevándose un protagonismo que no se merece.
La película continua, con muchas semejanzas al cine de Hitchcock. A diferencia de la original, que se refería a la guerra coreana, ahora en lugar de hipnosis como la primera, los malvados villanos utilizan implantes cerebrales; en lugar de comenzar el filme con una mesa de te, vemos a un grupo de soldados jugando al póquer; en vez de hacer que los políticos sean los malos, ahora lo son las multinacionales... Demme realiza un trabajo estupendo, diferenciando una película de otra, haciendo que el espectador continúe indagando e intentando descubrir cómo continuará la historia.
La nueva versión de El mensajero del miedo es una gran remake, probablemente una de las mejores de la historia de cine.
Imprevisible (a pesar de ser una remake) e interesante, Demme nos transporta a un mundo de engaños y mentiras, que nos llevan a pensar ¿por qué no?
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.