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Guillermo del Toro vuelve a la realidad mágica de la guerra civil española y sus terrores, tras “El espinazo del Diablo”, con la esperadísima “El laberinto del fauno”, que pasó por la sección oficial de Cannes este año 2006 y que ha sido seleccionada por México para competir en los Oscar como mejor película de habla no inglesa.
Desde hace meses hemos podido ver el trailer de esta ambiciosa coproducción mexicana, con reparto fundamentalmente español y una fuerte presencia de capital estadounidense. La historia gira en torno a la pequeña y soñadora Ofelia (Ivana Baquero), capaz de alejarse de la terrible posguerra española adentrándose en el mundo mágico del laberinto del fauno.
Guillermo del Toro regresa a la idea original que hizo importante “El espinazo del Diablo”, una extraña combinación entre historia y terror de ficción. La guerra civil era vista, en aquella película de 2001, a través del filtro de la fantasía y el terror que el director de “Cronos” conoce bien. Aunque “El laberinto del fauno” se concibió al principio como la continuación lógica de “El espinazo del diablo”, tras dirigir “Hellboy”, Del Toro decidió convertir la historia en un cuento de hadas para adultos. Además, el director no ha sido parco a la hora de ilustrar la realidad de aquellos años.
Nos encontramos en el norte de España, en 1944, cuando la represión franquista se deja sentir con toda la violencia y los sentimientos de la población siguen estando fuertemente enfrentados. La pequeña Ofelia vive la realidad de su país sin comprenderla, a la vez que ha de asumir que su madre (Maribel Verdú) vuelva a casarse para empezar una vida nueva. Pero a pesar de los esfuerzos de ésta porque la pequeña y su nuevo marido, el capitán Vidal (Sergi López) se lleven bien, Ofelia prefiere perderse en un mundo de su creación donde los monstruos no alcanzan la magnitud del terror del fascismo.
Para Del Toro éste es el horror máximo; ha pretendido que su historia traslade las consecuencias últimas de la privación de libertad y de las ideologías asfixiantes a través de metáforas y seres imaginarios. Cuando comentó su idea a su colega Alfonso Cuarón, director de “Y tu mamá también” y productor de esta nueva película, decidieron poner toda la carne en el asador y conseguir un producto crítico y profundo a la vez que visualmente apabullante. Perderse en el laberinto significa enfrentar los miedos más profundos de la psique, hechos reales gracias a una colección de criaturas inspiradas en los cuentos de hadas góticos, aunque reinterpretadas para tornarlas más oscuras.
Ofelia está en esa etapa de la niñez donde la realidad y ficción viven en un mismo plano, y Del Toro propone intercambiarlas llevándonos de la mano de su joven protagonista. El enigmático Fauno (Doug Jones) sobrevuela este oscuro lugar, marcado por las reglas amorales de la naturaleza: Fauno puede traer las flores de la primavera o terminar con la vida de un hombre. Pero a pesar de que todas las criaturas del laberinto tengan un aire amenazador, que hasta las hadas se alimenten de carne y haya gigantes y ogros escondidos en la noche del Fauno, fuera del laberinto se extiende la crueldad humana, vengativa y calculadora, el reino del capitán Vidal, capaz de disparar a un grupo de hombres inocentes por la locura de la ideología. La vida y la muerte pierden su neutralidad. Las intenciones de Del Toro son obvias, pero la sutileza de su realización es admirable.
Las productoras mexicanas de Cuarón y Del Toro (Tequila Gang) han recibido el apoyo de las españolas Estudios Picasso y Telecinco, además del gigantesco respaldo de Warner Bros. Para recrear a las criaturas del laberinto y la hechizante atmósfera gótica del filme se ha contado con el trabajo en los efectos especiales de CafeFX, creadores de la plástica de “Sin City”, “Hellboy”, “Gótica” y colaboradores en la producción de “El aviador”, “Memorias de una Geisha” y “King Kong”.
Del Toro relativiza el horror y lo convierte en un placer absoluto, un entretenimiento alejado de la mera evasión: nos muestra los horrores que se esconden tras el umbral del laberinto, aunque nos recuerda que estos palidecen comparados con los que nos saludan cada día desde la prensa.