La idea central de la que parte la historia de El juego de la verdad es ¿qué ocurriría si un treintañero a punto de morir plantea que su último deseo es acostarse con la novia de su mejor amigo?
En realidad se trata de una comedia negra, ácida y romántica al mismo tiempo, sobre las relaciones de pareja y los conflictos generacionales con cuatro personajes protagonistas. Por una parte tenemos a Susana y Alberto, interpretados por Natalia Verbeke y Óscar Jaenada, ejemplo de jóvenes triunfadores tanto a nivel personal como profesional que disfrutan de una buena situación económica y están a punto de casarse, aunque no muy convencidos. Un buen trabajo, una buena casa y éxito social. En el lado opuesto están Lea y Ernesto, a quienes dan vida María Esteve y Tristán Ulloa, y que representan la frustración de una buena parte de los jóvenes actuales. Con empleos basura que sólo se aproximan a sus sueños. Lea traduce al lenguaje de signos el informativo que presenta Susana, un puesto que ella desea. Ernesto locuta las ofertas en el supermercado de la familia de Alberto, en lugar de estar trabajando en la radio.
Y será precisamente el juego de la verdad lo que desencadene los acontecimientos. No vale mentir, y a Ernesto le han dado tres meses de vida tras diagnosticarle un cáncer. Es en ese momento cuando expresa su deseo: su último deseo es acostarse con la novia de su mejor amigo, a su vez mejor amiga de su novia, Susana.
Álvaro Fernández Armero, director y guionista, repite en esta ocasión con María Esteve tras El arte de morir y Nada en la nevera, dos de las cuatro películas que ha dirigido. En esta película consigue abordar el tema de la muerte desde una vertiente divertida y desenfadada. Tanto María Esteve como los otros tres actores principales consiguen transmitir el tono cómico, pero sin olvidar los matices de cada uno de sus personajes.
La conclusión, probablemente, es que decir la verdad en todas las situaciones de la vida quizás no sea la opción más adecuada. Más bien se puede convertir en una crueldad hacia los demás.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.