De Francia nos llega otra película a caballo entre el cine de acción americano y el europeo. Chris Nahon, autor de la curiosa "Kiss of the Dragon", ha emprendido la adaptación de una novela que mezcla varios thrillers con resultados variables. "El imperio de los lobos" podría ser la vigésimo tercera película de la década con el tema de la amnesia, pero Nahon ha elegido conservar la historia de una mujer que pierde la memoria y aunarla a la de un detective de homicidios. Aquí es donde la película falla; las dos tramas, siendo interesantes por separado, no acaban de confluir pacíficamente, y llevan a un final apurado y poco convincente. "El imperio de los lobos" no es una película fácil de ver: aquellos que estén muy versados en el thriller podrán rellenar los retazos de información que van quedando inconclusos a lo largo de su metraje, pero la sensación general es que la narrativa se vuelve, a ratos, demasiado confusa. Sin embargo estos fallos resultan menores ante la correcta dirección, la creación de atmósferas creíbles y sobre todo la interesante interpretación de Jean Reno. Reno interpreta a un tipo duro, como nos tiene acostumbrados, pero con variaciones que van más allá del teñido rubio de su cabello. Su personaje es un policía al límite, encargado de sacar la investigación sobre una serie de asesinatos de mujeres turcas en Francia del punto muerto en que se encuentra. Reno proporciona los mejores momentos de esta cinta, aunque Arly Jover, la amnésica con mil cambios de humor, no le queda a la saga. El presente thriller no consigue escapar, eso sí, a los planos muy cerrados sobre los personajes, a la opresión y claustrofobia bien fotografiadas en que el género lleva atrapado desde hace unos años; es difícil saber si el agobio que la película produce se debe a una historia angustiante o a este manierismo visual tan de moda.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.