El éxito de taquilla de la primera entrega americana de la saga de "El grito" (The Grudge- "La maldición") ha hecho posible, cómo no, un segundo título con los mismos ingredientes de la primera y que conduce, por supuesto, Takashi Shimizu con guión de Stephen Susco. La historia es más o menos la de siempre para protagonistas de un terror adolescente en grado mayúsculo. El final de la primera parte dejó la historia lista para una continuación y, obviamente, ocurre lo mismo en esta segunda cuya supervivencia en una tercera entrega dependerá de la taquilla. Del estilo y la efectividad solo se puede decir que es un exponente más del retorcido y efectista terror de origen japonés aunque un tanto suavizado en la versión norteamericana. Los estómagos y mentes de occidente necesitan que la trama no sea tal absolutamente demencial como suelen idear los japoneses. Este pueblo sufridor, trabajador y con talentos que ha dejado al resto del mundo mirándolos con estupor domina un género, el del terror, con maestría que se trata de copiar con desigual fortuna. No ocurre así con esta segunda entrega del "El grito", pero que nadie con problemas de corazón ni muy sugestionable acuda a la sala para verla. No se le garantiza el óptimo estado de su salud física o mental después.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.