La interesante premisa de "El destino" no queda cumplida del todo a medida que se desarrolla la película. Miguel Pereira, que consiguió el premio ecuménico del jurado en el festival de Karlovy Vary por "El destino", nos presenta a Tristán Ulloa convertido en un cura poco ortodoxa que llega a una pequeña villa argentina desde Barcelona. Ulloa da vida perfectamente a un personaje peculiar que obliga a los ciudadanos del pueblo de Tres pozos a modificar sus costumbres en una recreación aseada del argumento clásico del forastero recién llegado. Pero lo curioso es que el acercamiento a la película es dramático, cuando tiene muchos elementos para la comicidad. Lo mejor del filme es sin duda la dirección de actores cercana y colorida que Pereira realiza; lo peor, cierta falta de concreción y valentía a la hora de hacer evolucionar el guión, algo más de profundidad que se echa de menos. Afortunadamente la película salva el escollo puramente narrativo gracias al buen trabajo de los intérpretes, una técnica cuidada, algunos riesgos bien llevados y una banda sonora magnífica.
De Niro y Pacino, dos detectives a punto de jubilarse que van a recibir un último caso, el de un asesino cuyo objetivo son los criminales que han quedado en libertad.