Por una casualidad, Martín y Abel se conocen en algún lugar del sur. Abel, un vividor ex mercenario, fuerte y amoral, acaba de salvar a Martín de un atraco seguro. Tras una larga charla que termina en eufórica borrachera, descubren que nacieron en la misma zona y que los bosques donde Abel solía cazar, han sido sustiuidos por una central nuclear.
