La CIA (Central Intelligence Agency) y sus agentes, impenetrables, misteriosos, entregados y sin vida propia han sido protagonistas, co-protagonistas y secundarios más bien antipáticos de multitud de títulos cinematográficos. En esta ocasión Robert de Niro se anima a contar una historia a la que nadie se había atrevido a asomarse: la creación de la CIA.
Todo surgió gracias a la entrega de un hombre que sacrificó toda su vida, sin dudar, por su país y por la organización más secreta. La protagoniza Matt Damon que da vida a Edward Wilson, el fundador de la organización.
Esta historia es un buceo, aproximado, de cómo fueron los primeros tiempos de la CIA; una organización opaca como pocas y que tiene tantos muertos en los armarios que el hedor llega hasta la puerta de entrada.
¿Pero cómo era la vida de ese precursor? ¿Cómo se forjó? ¿Qué ocurrió con su matrimonio? ¿Sus hijos tenían una ligera idea de quién era su padre y de lo que hacía para ganarse la vida?
Hay una serie de interrogantes que despiertan la curiosidad del gran público que sentirá una curiosidad natural y justificada para acudir a las salas a ver esta propuesta cinematográfica plagada de estrellas: Matt Damon, Robert de Niro, William Hurt y Angelina Jolie. Todo en este filme llama para que pase un gran número de espectadores por las salas de exhibición.
Pero, sobre todo, está el morboso hecho de saber o acercarse al nacimiento de la sociedad más secreta y, con la desaparición, al menos oficial del KGB, la más antigua. Es la verdadera dueña del mundo y conocer un poco más sobre ella, sobre quiénes fueron sus impulsores, sus padres, cómo se establecieron sus procedimientos, cómo se escogen los objetivos... Cuantos más interrogantes surgen más razones hay para no perdérsela. Quizás no sea una obra de arte del celuloide pero sí pasará a la historia por estar entre las que más se han arriesgado y acercado a ese monstruo organizacional que es la agencia de inteligencia americana.
Todo empieza con Edward Wilson, un hombre patriota, discreto por las enseñanzas de la infancia y afecto al honor que entra en la sociedad secreta “Skull and Bones” cuando está estudiando en Yale. Este grupo dará muchos líderes políticos, económicos y judiciales al país que se cuidará y protegerá entre sí. La inteligencia, la reputación impecable, la fe inquebrantable de Wilson le convertirán en el candidato ideal para ser agente secreto. Su primer trabajo, cuando aún era un idealista, será en el Office of Strategic Services (OSS), la agencia precursora de la CIA, durante la II Guerra Mundial. Ese será el inicio de su doble vida y el comienzo del fin de la personal.