El argentino Fabián Bielinsky había dirigido hasta ahora Nueve reinas, una película que rezumaba inteligencia en su estructura pero que tenía un alcance limitado, al no tener un trasfondo profundo y estar basada en sorpresas efectistas. El aura, al contrario, está construida con giros de guión alucinantes que se apoyan en una historia compleja y de hondo calado. Nueve Reinas era una historia de entretenimiento. En el aura no hay ni un solo momento en que falte el entretenimiento, pero al mismo tiempo hay un cierto contenido metafísico y un tema profundo que la convierten en una película superior. Espinoza, interpretado por Ricardo Darín, es un taxidermista convencido de que, gracias a su memoria fotográfica y a su capacidad planificadora, podría cometer el mítico crimen perfecto. El personaje es una creación excéntrica que se mueve entre dos extremos: esta obsesión por querer probarse superior a los torpes criminales y a los policías que los persiguen, y unos ataques epilépticos que vienen precedidos de "el aura". Justo antes de cada episodio epiléptico Espinoza vive momentos de elevación, en los que pasado y futuro se mezclan, en los que la confusión y la iluminación se superponen. En un viaje que el protagonista hace al campo para cazar tiene la oportunidad de realizar su obsesión. Sin embargo, una vez cometido el crimen, Espinoza descubre que sólo en su fantasía las cosas eran tan fáciles, y que la cruda realidad se impone con una violencia inesperada. En este segundo trabajo Bielinsky conjuga todos los elementos del arte cinematográfico llevándolos a su máximo potencial, usando el formato del cine negro clásico para obtener una película muy personal. El ritmo acelerado de las calles bonaerenses de Nueve reinas da paso a la desasosegante tranquilidad de una Patagonia que, filmada por la impresionante fotografía de Checco Varese, se convierte en un protagonista más. Ricardo Darín, que ya nos ha deleitado con muy buenos trabajos anteriormente, dirige un reparto magnífico con la que es su mejor interpretación hasta el momento. Como todo en la película, no hay un solo gesto del actor que no esté medido o esté fuera de lugar. El excelente trabajo de los sonidistas José Luis Díaz Ouzande y Carlos Abbate completan la magnífica y asfixiante atmósfera de esta experiencia cinematográfica imprescindible.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.