The dark es el lugar en que los muertos viven a la espera de que un sacrificio humano les permita volver a la vida. La idea en que The dark basa su terror de verdad da miedo, tiene algo de Stephen King, pero la película acaba creando más confusión que terror a medida que se desarrolla. Las expectativas que el nuevo trabajo de John Fawcett despertaba, después de Ginger Snaps (2000), decepcionarán a los amantes del género. Pero incluso los que sólo tengan la intención de ver una buena película de terror podrán sentirse defraudados. The dark es la historia de una madre norteamericana que se desplaza con su hija a Gales en un intento desesperado de volver con su ex-marido. Allí, entre pastos para ovejas y precipicios, la catástrofe se hace real cuando su hija desaparece en el mar. Una leyenda dice que los muertos, atrapados en un siniestro mundo paralelo a éste, The dark, pueden volver a la vida a cambio de un sacrificio humano. Cuando la madre, desesperada y culpabilizada, encuentra a una niña en la cama de su hija, intuye que ésta tiene algo que ver con la desaparición de su criatura. Efectivamente la niña perdida dice que murió hace sesenta años. Mientras tanto el ex-marido, que se está encargando de localizar al cadáver de su hija, piensa que su ex- mujer se ha vuelto loca por dar crédito a estas leyendas rurales. La película, aunque no es lo pretendido, parece romperse absurdamente en dos partes. Al principio The dark transcurre siguiendo las reglas del terror más barato, proporcionando una cadencia de sustos previsibles que, sin embargo, no se sostienen por el guión. Una aceleración de la música, un mayor volumen, un ruido atronador y un flash de luz, aparecen a cada tanto, haciendo saltar de la butaca al espectador, aunque a la postre estos espasmos no estén justificados por la evolución de la historia. También se pretende en esta parte producir miedo con unos rebaños de ovejas, supuestamente siniestras, con que el director tal vez pretenda evocar un miedo ancestral que no llega a estar muy claro. Luego viene una segunda parte, más centrada en la psicología de los personajes, sobre todo de la madre, aunque a estas alturas ya es tarde para un cambio tan radical. Aunque los sustos del principio ya se habían hecho predecibles por la cadencia del montaje, éste giro de tono desacertado y violento hace demasiado difícil seguir una historia que, en cualquier caso, nunca llega a estar completa y está lejos de ser original o nueva.
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