En esta película, Kiarostami nos enseña la peregrinación de un niño tras un mundo de adultos hostiles e indiferentes, haciendo cómplice al espectador de su sufrimiento. La maestría del director iraní hace que el realismo se funda con lo fantástico.
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En esta película, Kiarostami nos enseña la peregrinación de un niño tras un mundo de adultos hostiles e indiferentes, haciendo cómplice al espectador de su sufrimiento. La maestría del director iraní hace que el realismo se funda con lo fantástico.