Incluso conociendo alguno de los detalles que conformaron la vida de Domino Harvey, cazarecompensas vocacional e hija del actor Lawrence Harvey, esta película a la que da nombre no tiene ningún sentido. Tony Scott, responsable de productos de acción bastante entretenidos como "El último Boy Scout", hace la que es hasta el momento su peor película: un pastiche incomprensible y tramposo que no hace justicia ni a su personaje protagonista ni a la actriz que la interpreta, Keira Knightley. Para empezar, los motivos que tuviese el guionista Richard Kelly ("Donny Darko") a la hora de elegir el personaje no afloran en ningún lugar del libreto: la vida de un cazarecompensas es emocionante, pero elegir a un personaje real conlleva ciertas obligaciones a las que no ha sabido hacer frente. Las anécdotas que relata el filme, pues no puede llamarse experiencias vitales a las banalidades que suceden a la protagonista, tienen poca relación entre ellas y poco interés para el espectador. Domino Harvey murió de sobredosis, un mal viaje con las drogas, pero también este dato se nos escamotea inexplicablemente, sustituyéndose la mención de este suceso con una dedicatoria a la memoria de la joven. Keira Knightley puede haber estudiado a la figura en cuestión, haber aprendido su modo americano y burdo de hablar, pero su actuación resulta tan poco creíble que no podemos sino culpar a los directores del casting. Tony Scott dirige, sobre un guión descompensando y sin saber manejar a su actriz protagonista, dando palos de ciego al agua. "Domino" no llega a ser una película de acción aunque muchas de las escenas apuntan en este sentido; tampoco es una biografía que pueda llamarse de tal modo con orgullo. El resultado es que ambos elementos chocan violentamente y no dejan que el otro se desarrolle, perdiendo pronto la atención de un espectador que no sabe dónde situarse.
La tregua entre el mundo de los humanos y el reino de lo fantástico está a punto de romperse. En estos casos sólo hay una criatura a la que se puede recurrir.