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La denuncia política y social se convierte en un sólido argumento cinematográfico si se enmarca en un guión propio del género de aventuras. El glamour de algunos diamantes queda diluido por su oscura procedencia: la explotación y venta ilegal, y las guerras que se financian con ellos. Son una moneda de cambio de valor seguro, que no deja rastro en cuentas bancarias y que es fácil de llevar a cualquier parte.
De esto y de mucho más habla “Diamante de sangre”, un filme que nos transporta a Sierra Leona en el año 1999. El país se encuentra inmerso en una cruenta guerra civil cuya repercusión mediática en el resto del mundo es prácticamente inexistente. Danny Archer (Leonardo DiCaprio) y Solomon Vandy (Djimon Hounsou) son dos hombres con un mismo objetivo… y dos motivos muy diferentes. Ambos quieren recuperar un raro y precioso diamante rosa; una pieza única que puede cambiar el destino de un hombre para bien o para mal.
Al buen cinéfilo no suele gustarle que le avancen en exceso los detalles de un buen filme. Y este, sin duda, lo es. Si entramos en el tema de los calificativos, que siempre aparecen en las crónicas cinematográficas, se puede decir que es irritante, incómodo, tierno y, sí, ¿por qué no decirlo? moralista. Al fin y al cabo el cine siempre se ha visto envuelto por una aureola de denuncia y divulgación social.
El personaje de Solomon Vandy, un pescador de la etnia mende, es el que se lleva el peso moral de la historia. Esclavizado en una mina de diamantes de Sierra Leona su destino desde el día en que las milicias irrumpieron en su casa y lo separaron de su familia ha sido trabajar en un yacimiento ilegal de diamantes. Un día da con ese hallazgo único e irrepetible que deseamos todos los seres humanos con aspiraciones de que nuestra vida cambie gracias a un repentino golpe de suerte: un diamante rosa. Lo esconde, a sabiendas de que si le descubren, su vida valdrá menos que un trapo viejo.
A su compañero de aventuras, Danny Archer, un ex mercenario que se dedica al contrabando de piedras preciosas, le toca asumir la parte más oscura del ser humano. DiCaprio se enfrenta a un personaje difícil porque es el antihéroe. No es la primera vez que lo intenta, aunque sí la primera en que no le fue mal del todo. El personaje de Howard Hughs en “El aviador” le valió un Globo de oro y una nominación de la Academia al mejor actor. Pero la pregunta es: ¿será Archer el personaje que le ayudará a lograr la más ansiada de las estatuillas? Es bastante posible si la poderosa productora decide apostar con fuerza y poner toda la carne en el asador para que este “diamante” no se quede en bruto y sin pulir.
Sin embargo, en toda historia hollywoodense que se precie no puede faltar un tercer elemento: la chica. En este caso es una intrépida reportera en cuya piel se mete Jennifer Connelly. Se trata de Maddy Bowen. Este, definitivamente, no es el papel de su carrera. A Connelly, acostumbrada a expresar con el gesto contenido, le cuesta y se le escapa un poco el papel de dura y aguerrida reportera. Sin embargo, hay que reconocerlo, sale lo suficientemente airosa como para que nadie se tenga que levantar de la butaca.
Al final, tenemos tres personajes. Cada uno de ellos con su propio diamante. ¿Cuál es el tuyo?