"Desayuno en Plutón" es errática y sin embargo reiterativa, bastante inverosímil y algo aburrida, incluso superficial, a pesar de lo interesante de su temática. No podemos decir que Neil Jordan se apunte al carro de usar la transexualidad como reclamo comercial, ahora que películas como "Boys dont cry" o "Transamerica" se hacen grandes, afortunadamente. "Juego de lágrimas" fue la primera incursión de este irlandés en el tema, y lo hizo, a pesar de lo anticuado que ha quedado su acercamiento de entonces, con mucho más tino que en esta ocasión. Eso sí, el extraño Cillian Murphy ("Batman begins") es mucho más guapo y mejor intérprete que el Jaye Davison de "Juego de lágrimas". Recomendamos de todos modos revisar aquella película de 1992, porque es de algún modo el original: Jordan intenta repetir la fórmula que tan buenos resultados le dio, mezclando los temas de la identidad sexual y la violencia irlandesa con una poderosa imagen, sin conseguir emularse a sí mismo en esta ocasión. Los placeres que proporciona "Desayuno en Plutón" son todos de carácter superficial, ya que la banda sonora y las deliciosas florituras visuales del filme son como una cara decoración en una casa que se derrumba, cuyos cimientos no está bien puestos y donde las paredes se agrietan. Cuando se analiza la película, cuesta creerse lo más importante: la historia y el personaje. Cierto que no nos encontramos ante una narración cotidiana y que el personaje es protagonista precisamente por su rareza: el problema es que Jordan no consigue dar verosimilitud a los episodios dramáticos que expone, alternados con números musicales, de modo que el espectador se aleja cada vez más de una historia en la que no puede creer a pesar de la voluntad que ponga.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.