Después de estrenar en España la irregular "El abrazo partido", Daniel Burman vuelve con la dirección y guión de "Derecho de Familia", donde Perelman es un joven abogado que todavía no sabe muy bien quién va a ser cuando sea mayor. En la búsqueda por definir su identidad, acepta, aunque con cierta aprensión, lo ya heredado. Pero lo que le cuesta hacer es la otra parte: continuar construyendo su identidad precisamente a partir de lo que se puede cambiar, de aquello que pueda diferenciarlo de su padre. Repite Daniel Hendler en el papel protagonista de esta película que cierra magistralmente la trilogía iniciada con "Esperando al Mesías" (2000) y que continuó con la ya citada "El abrazo partido" (2004). Tres trabajos que tratan sobre las relaciones familiares, la identidad judía y una mirada abarcadora y minuciosa, simple y profunda a la vez, respecto de qué significa ser joven, ser padre y ser hijo y cómo construir una pareja o una carrera profesional en la siempre contradictoria Buenos Aires contemporánea. El director retoma aquí ciertas obsesiones y temáticas que le han permitido construir un universo propio de clase media, porteña y judía. Por suerte, los méritos y hallazgos de su nuevo trabajo dejan rápidamente en claro que Burman no se repite. Con mucho humor, una sensibilidad que no cae en el golpe bajo, y con muy ajustados momentos de ternura para reflejar los vaivenes de las relaciones dentro de una familia, Burman redondea una comedia leve sobre conflictos importantes, un trabajo sentido y sin pretensiones de grandeza, pero que, a pesar de eso termina siendo una gran película.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.