Lo peor de "Delitos menores" es que se toma en serio a sí misma. El problema no es que sea una comedia, pues el género cómico es uno de los que requieren mayor seriedad en su planificación, sino que no nos encontramos ante una comedia absurda como "Scary movie" sino ante una fábula de crecimiento que, en principio, debería ser más sutil y cuidadosa. Es difícil interpretar el significado de "Delitos menores" sin cargarse de acritud e intentando pasar por alto el mal cuerpo que su visionado deja durante bastante tiempo. El debut en la dirección del actor David Duchovny ("Expediente X") resulta en una película desastrosa donde nada funciona, a pesar de su desvergonzado y obvio interés en agradar a todo el mundo. Sin duda, Duchovny ha puesto mucho interés en esta película, se le ve esforzado y atento a los detalles, pero tan ensimismado en el proceso que en ningún momento se ha planteado si el interés del tema es verdadero y si estaba dando los pasos adecuados para transmitirlo. Desde que la trama se pone en marcha el absurdo rebasa al espectador, cuando apenas han pasado diez minutos del metraje, uno se incomoda y se llena de preguntas sobre por qué ocurre lo que ocurre y qué motivación tiene el protagonista para querer llevar a cabo un viaje ridículo. Es molesto, también, que con algunos pequeños cambios del guión muchos desastres de la película podrían evitarse; pero esto queda en la cabeza del espectador que se retuerce en el cine, y en nada afecta al desarrollo de "Delitos menores".
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.