Un grupo de niños de un barrio pobre, implicados en bandas callejeras y con una vida difícil, aprenden valores sociales a través del baile y un magnífico profesor llamado Pierre Dulaine (interpretado por Antonio Banderas). "Déjate llevar" puede no ser una película excelente, pero es de lo mejor que se ha hecho últimamente en el desolador panorama del género musical. Es cierto que el filme cae en todos los clichés de las distintas historias genéricas que trata: la competición, el romance, la superación de los problemas y la redención, pero Liz Friedlander, directora, y Dianne Houston, guionista, se las arreglan para hacer encantadora una historia de la que se sabe en todo momento cómo va a terminar. Gran parte del éxito de la película radica en Antonio Banderas, que supone un divertido contrapeso europeo a la historia americana que se nos cuenta. La moralina de la película no es del todo dolorosa, su buena voluntad provoca una sonrisa permanente y la mezcla de músicas distintas hacen amena la parte más danzarina de "Déjate llevar".
De Niro y Pacino, dos detectives a punto de jubilarse que van a recibir un último caso, el de un asesino cuyo objetivo son los criminales que han quedado en libertad.