"Cuestión de honor" es una película llena de clichés. Gavin O´Connor es el responsable de dirigir el film, y también ha escrito la historia junto a su hermano gemelo Greg. Esta vez Edward Norton es el policía bueno Ray Tierney. Su padre, Francis Tierney (Jon Voight), le pide a su hijo que se haga cargo de la investigación sobre un asesino de agentes de la autoridad. A regañadientes, acepta la orden de su padre, aunque sabe que los policías que murieron estuvieron bajo las órdenes de su hermano, Francis Tierney, Jr., y junto a su cuñado, Jimmy Egan. A medida que Ray se adentra más y más en el caso, se da cuenta de que alguien había informado a los traficantes de drogas de que los policías les pisaban los talones y todo apunta hacia su propio hermano y a su cuñado. Es decir, que no podría ser más previsible y con tantos clichés. La típica historia de policías corruptos y policías legales. Edward Norton todavía se salva en su interpretación, pero tristemente Colin Farrell tiene la misma cara durante toda la cinta, da igual que esté asustado o feliz, que su expresión parece inalterable. En cualquier caso, es una buena opción para los amantes del género a los que no les importe tener dejá-vu, porque seguramente muchos estarán pensando "Esto ya lo he visto...". El filme pretende inspirarse en el cine de los 70 (corrupción institucional, dilemas morales…), aunque no se acerca ni de lejos.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.