El mexicano Sebastián Cordero plantea una historia interesante, intrigante y que atrapa. La naturaleza humana tiene, casi siempre, un ego que no le cabe en los límites y eso es lo que le pasa a Manolo Bonilla. El protagonista de la película es un reportero agresivo al estilo Truman Capote... y, como el norteamericano, llega a establecer un vínculo con el acusado de un asesinato. El caso, es que Bonilla se desmarca del inmoral Capote introduciendo un elemento que éste nunca llegó a utilizar: ser el héroe. Capote jamás quiso ser héroe. Siempre le fue más eso de ser un villano al que todos querían, eso sí, porque le gustaba mucho eso de tener silla en todas partes y que todo el mundo le recibiera para escuchar sus disertaciones y, sobre todo, los cotilleos que recababa de aquí y allá. Bonilla, en cambio, reportero de televisión sensacionalista, es muy consciente del valor que tienen determinadas acciones si se ven en televisión. Es la oportunidad para que todo el mundo se fije en él y una ocasión de oro para convertirse en un personaje popular, puede, que en todo el mundo. Interesante, reflexiva y algo histriónica, pero es que el cine mexicano puede serlo por momentos. En este caso refleja todos los `tics´ de las tramas telenovelescas, pero sin historia de amor y desengaño de por medio.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.