"C.R.A.Z.Y." es un acercamiento nostálgico y entretenido a los años sesenta y setenta, en la provincia canadiense de Québec, realizada para el entretenimiento de toda la familia, a pesar de los (supuestamente) peliagudos temas que trata. Una estupenda banda sonora y una capacidad inusitada para retratar con detallismo una época no tan lejana, son las principales virtudes de esta bienintencionada comedia musical sobre el paso a la madurez de un niño, criado en el seno de una familia católica que se fuerza a ser heterosexual para contentar a su padre. La única pega real que se le puede poner al filme es su excesiva duración, que podría haberse reducido sin afectar negativamente a la historia narrada, aunque es éste un mal menor que no afecta demasiado al resto. En el lado más positivo, hay que destacar la indudable fuerza narrativa y la colorida energía que el director Jean-Marc Vallée pone en circulación; los eventos que describe serán conocidos hasta para los espectadores que nunca hayan dudado de su sexualidad, pero el divertido y excéntrico modo en que se nos transmiten provocan expectación y asombro. En la redención de un hijo homosexual que quiere ser como sus cuatro hermanos (es decir, heterosexual), que se frustra en el camino y llega a ser un rebelde, sólo para volver renacido al hogar paterno, contiene multitud de ecos del catolicismo, incluyendo la figura de Jesucristo. Pero funciona, sorprendentemente, a pesar de que los elementos religiosos vayan tornándose surrealistas a medida que el filme, personalísima confesión, se despliega frente al espectador.
Mark Wahlberg se mete en la piel de uno de los personajes más carismáticos de los videojuegos, un atormentado policía en busca de los asesinos de su familia.