La comedia argentina lleva varios años en racha de éxito en España y con todas las de la ley. Hay que reconocer que el cine argentino derrocha talento, buen hacer y recursos creativos que suplen las carencias que se puedan derivar los asuntos más tecnológicos. El sugerente cartel, "tanguero" hasta la médula ya da un `input´ de capacidad de reírse hasta de uno mismo que, en el fondo, es lo más sabio que puede llegar a hacer el ser humano. En esta ocasión afronta uno de los males de la sociedad actual: la llegada a los 40 sin tener resuelta la vida sentimental; sin tener pareja ni perspectivas de tenerla y lo peor de todo: sin idea de quién compartirá nuestros días hasta el final. Este grupo de amigos que han compartido el amor una mujer de personalidad única en diferentes etapas de la vida se reúne en un local cuyo nombre ya es un chiste: Garllington (en homenaje a Gardel y Ellington)… no por lo serio de los implicados, que reciben todos los respetos habidos y por haber sino por la unión de ambos en una sola identidad que acaba "pariendo" una tercera algo desdibujada. Sergio (escritor de guiones), Marcos (comerciante), Sebastián (ejecutivo de finanzas) y Valeria (cantante de tangos) compartirán su desdicha común: en los 40, solteros y sin pareja. ¿Aterrador?
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.