Llega la segunda parte del biopic de Ernesto Guevara, "Che, Guerrilla". La primera entrega fue todo un éxito de crítica y público gracias al siempre innovador Steven Soderbergh y a la magistral interpretación de Benicio del Toro, quien se llevó un Goya por su papel y la Palma en el pasado Festival de cine de Cannes. En esta ocasión, la historia arranca con el Che en lo más alto de su popularidad y poder tras la Revolución Cubana, cuando pronuncia un vehemente discurso en las Naciones Unidas, reafirmando su compromiso con la lucha del Tercer Mundo contra el imperialismo de los EE.UU. Soderbergh demuestra que se adentra en cualquier reto, hasta rodar en un idioma que no domina. Pero ahora la tensión decae y "Che, Guerrilla" llega a ser aburrida. En "Che, el argentino", Soderbergh documentaba la lucha de este médico revolucionario por derrocar el gobierno cubano de Baptista de una manera interesante, centrándose en los personajes de su alrededor (los hermanos Castro) y en el propio Che con su pasión por la lucha selvática y la organización militar. Pero esta segunda entrega va en dirección contraria, enfocando la historia en el lento y sangriento declive del Che mientras intenta exportar su método revolucionario a Bolivia. Aunque Del Toro y todo el equipo del proyecto trabajaron durante siete años para definir cómo explicarían la historia del guerrillero cubano y de su país, la película va a decepcionar a los que vieron la primera entrega.
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