"Crítica de Cariño, estoy hecho un perro" Críticas
Película
Crítica de Cariño, estoy hecho un perro
Autor
anonymous
Fecha
2006-07-19 11:30:04
Votos
2/5
Proveedor
Uno
Crítica
Disney no es, ni mucho menos, la única compañía que usa el reciclaje para asegurarse el éxito de sus productos. Los remakes y refritos varios están a la orden del día, hasta el punto de que casi parece una perogrullada hacer este tipo de comentarios: al contrario, es más fácil indicar cuándo una película de las grandes productoras norteamericanas es totalmente original. En este caso confluyen varios factores que hacen que "Cariño, estoy hecho un perro" tenga poco interés y aún menos de original. Por un lado, Disney está actualizando en los últimos años películas como "Ponte en mi lugar", o "Tú a Boston y yo a California", a las que parecía, ya en los años 60, no poder extraerles más jugo, a base de crear segundas, terceras y hasta cuartas partes. "Cariño, estoy hecho un perro", es el remake de una película de 1959 protagonizada por un habitual de la productora, Fred MacMurray, quien también fuera el profesor Brainard de "Flubber". Por otro lado, este tipo de películas "made in Disney" tienen todas un elemento común que las hace parecer clónicas: un sujeto muta su cuerpo, bien sea por un deseo inapropiado, por un experimento científico, o merced a algún embrujo. Los traductores del título original del filme, "The shaggy dog", no han podido evitar la tentación de comparar esta película con otro clásico Disney de los primeros 90: "Cariño, he encogido a los niños" y sus secuelas. Por si fuera poco, a tanto alarde de creatividad, añaden a Tim Allen, a quien buena parte del público adulto tiene más dentera que a Robbin Williams, y cuya única carrera cinematográfica parece girar alrededor de "Vaya Santa Claus", del que prepara la tercera parte. Por supuesto, el sentido crítico del espectador debe ser sometido a una difícil suspensión mientras se nos narra la transformación intermitente de un hombre en perro, pero la película no funciona aunque se ponga voluntad para creérselo. Es difícil entender cómo, en esta época de maravillas digitales, el perro pastor que actúa como humano resulte tan difícil de creer, por mucha voluntad que se ponga, y que a pesar de tener al histriónico Tim Allen, corriendo de arriba abajo a cuatro patas, resulte mucho más interesante y bizarra la limitada participación de Robert Downey Jr. en el filme.
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