Tras "El factor Pilgrim" y "Astronautas", Santi Amadeo realiza la que es su mejor película hasta el momento, una hermosa historia narrada con decidido espíritu poético. "Cabeza de perro" no es un filme perfecto: la misma poética que alienta imágenes maravillosas y un espíritu que roza lo mágico, hacen que el filme chirríe en ocasiones. Juan José Ballesta es un actor nato al que estamos viendo crecer en nuestro cine casi en directo. En "Cabeza de perro" hace una magnífica interpretación, aunque las exigencias del guión le hacen sonar en más de un momento como artificioso, demasiado dulce, una especie de Rainman más joven. Pero el papel no es fácil y Ballesta impresiona profundamente en muchas ocasiones. Junto a él está Andrea Ugarte, también preciosa, poderosa, pero a ratos falsa. No parece que a Amadeo se le haya pasado por alto este riesgo, sino al contrario, lo impulsa para dotar del carácter encantador que quiere para su personaje al resto del filme. Afortunadamente calibra bien las consecuencias y la magia y el virtuosismo visual con momentos decididamente duros y dirigidos con fiereza. "Cabeza de perro" tiene ciertamente un planteamientos sencillo pero una ejecución que requiere muchas luces: Amadeo las tiene, y las usa, y en mayor o menor medida sale bien parado.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.