"Banderas de nuestros padres" es el relato de la batalla de Iwo-Jima, un sangriento episodio de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico ocurrido en marzo de 1945, y que quedó inmortalizado por una foto de unos soldados colocando una bandera norteamericana que hizo historia. El siempre magistral y grandísimo cineasta Clint Eastwood nos acerca con esta película al drama bélico que supuso uno de los capítulos más negros de la humanidad. Ésta es la primera parte de una historia que se completará con "Cartas de Iwo-Jima", mismo momento y mismas vivencias pero desde el lado japonés, película que ya toda la crítica norteamericana cataloga de mejor que éste punto de vista americano. Esfuerzo, victoria, patriotismo, todo de forma sutil, con grandes secuencias y actores que forman un conjunto de interpretación más que competente: Ryan Phillippe, Paul Walker, Jamie Bell y Barry Pepper... un grupo de jóvenes que bajo la dirección de Eastwood consiguen superarse y rendir al máximo. El mundo brutal de la guerra también nos enseña el lado de los intereses financieros que hay detrás de ese negocio bélico. Se trata de una historia apasionante de heroísmo fraternal, quizá el proyecto más ambicioso de un director que en el cine ya lo ha ganado todo y que no logra aquí su mejor trabajo pero que lo hará gracias a la segunda parte, cuando se complete la pareja. Un dato curioso: el desembarco resulta casi idéntico al de "Salvar al soldado Ryan", por lo que se desvirtúa un poco lo lograda que está la escenificación, con una coreografía de brutal dramatismo.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.