"Azul oscuro, casi negro" ha conseguido algunos de los premios más importantes del pasado Festival del cine español de Málaga, entre ellos el del mejor guión. La película, tan original como su propio título, propone varias historias de crecimiento narradas con una mezcla de humor y drama. El tono general del filme es bastante duro y algunas de sus partes son contundentes en su expresión de la tragedia. Sin embargo, durante toda la película hay golpes de humor que funcionan como válvulas de escape. "Azul oscuro, casi negro" resulta irreal a ratos y falta de verosimilitud, pero más que ser esto un defecto es una baza con la que juega su director. Daniel Sánchez Arévalo debuta en la dirección de largometraje después de haber rodado seis cortometrajes y haber estado nominado al Goya por uno de ellos. Es bueno que el director demuestre, todavía, parte del buen hacer del cortometrajista: cada escena de la película está tratada con mimo, funciona casi independientemente del resto, pero todas juntas acaban integrándose para contar una historia demoledora. El director muestra igualmente respeto por los intérpretes con los que ha trabajado, permitiéndoles explorar delante de la cámara los matices más íntimos de sus personajes. Si la película no funciona bien en taquilla no será por falta de publicidad ni porque no merezca un buen boca a boca; nos encontraremos de nuevo ante el mal endémico del cine español de los estrenos que cada vez duran menos en las salas de cine.
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