La película Amor en juego hace una extraña combinación de dos nombres de la cultura americana que difícilmente se hubieran imaginado juntos antes: el moderno escritor de culto Nick Hornby y los hermanos Farrelly. Mientras que el primero es el autor de Cómo ser buenos y bout a boy, Bobby y Peter Farrelly son los directores de Dos tontos muy tontos y Algo pasa con Mary. Amor en juego es la adaptación del libro de Hornby Fever Pitch, sobre una joven asesora comercial muy bien situada en su negocio, ambiciosa y dura, pero soltera y en busca de su gran amor. Drew Barrymore es Lindsay, y sólo tiene citas con hombres que también son tiburones de los negocios hasta que conoce a Ben (Jimmy Fallon). Sensible, amoroso, atento con los niños e inteligente, Ben hace que Linsay se enamore de su naturalidad y él se enamora de ella, y la historia podría acabar bien a los quince minutos excepto porque la liga de baseball entra en su momento más importante y Ben es un seguidor incondicional de los Red Sox de Boston. Así que cuando empieza la liga tiene que repartir su tiempo entre animar a su equipo y Lindsay. Y su novia tiene que decidir si puede ser flexible ante la obsesión de su novio, o deja la relación. Lo mejor de la película es que no es del todo tonta, y que la comedia romántica funciona sin necesidad de semen en el pelo o labios desgarrados por anzuelos. Es cierto que hay más romance que comedia, así que los seguidores de los Farrelly más al límite pueden decepcionarse. Aunque sigue habiendo momentos de humor violentos. La relación entre una guapísima Drew Barrymore (que sigue buscándose como actriz) y un sorprendentemente solvente Jimmy Fallon (que a veces borda el papel de perdedor, pero otras es simplemente soso), se come el baseball y hace de éste una excusa, la característica más importante del protagonista y la que activa la comedia, pero los Farrelly evitan hacer de ello el centro temático del film. Una película simpática que deja buen sabor de boca, que aunque no es muy profunda está bien planteada, y que sin grandes pretensiones consigue entretener y emocionar.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.