"Agentes secretos" son dos películas en una, dos partes demasiado distintas que difícilmente llegan a casar. La primera hora, pausada y con la emoción de un filme de suspense, presenta a los personajes y los enreda en una trama de espías de la que parece imposible salir. Más tarde, cuando el misterio debiera resolverse, a ser posible siguiendo las reglas narrativas que el filme impone, nos encontramos ante una estrafalaria huida hacia delante con más explosiones y acción de la necesaria. Probablemente este filme de Frédéric Schöendöerffer decepcionará tanto a los amantes del cine de espías como a los que buscan acción trepidante. No hay nada que objetar al trabajo realizado por Vincent Cassel y Monica Bellucci, pero se debe en realidad a que la película no tiene demasiada calidad y uno no espera maravillas de su reparto. Cassel cumple con lo que se espera de él, especialmente en la segunda mitad de la película, pero su interpretación parece limitarse a interpretar a un personaje amenazante. El carácter de su personaje, bien definido y tal vez cercano al verdadero mundo de los espías, no tiene un espejo en que mirarse y crecerse cuando el guión lo lanza a un abismo de absurdidades: en cierto momento el espía al que da vida liquida a tres espías, franceses como él, pero a su jefe no le importa. Algo similar ocurre con Bellucci, que casi no sonríe en todo el filme, y cuya hermosa presencia no encuentra motivos de lucimiento. Por separado, tanto la primera parte como la segunda están bien hechas, pero al ir seguidas se producen demasiados roces: la intriga inicial se pierde cuando empiezan las carreras y persecuciones, injustificadas, que ni siquiera consiguen estar a la altura de lo que Estados Unidos produce en el mismo género.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.