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Woody Allen, el cineasta que más ha contribuido a hacer de Nueva York una ciudad mítica y deseable para el resto del mundo, ha emigrado a Londres. Todavía no ha desplazado su residencia, pero “Scoop” es la segunda cinta que dirige en la ciudad inglesa y a ésta seguirá, por lo pronto, una tercera.
El cineasta no usaría la palabra exilio, pero de alguna manera ha escapado de las dificultades cada vez mayores con las que se enfrentaba en su país, Estados Unidos, para conseguir financiación de sus películas. La última década Allen ha cambiado de productora cada pocos años; Steven Spielberg, a través de Dream Works, fue un oasis de tranquilidad al convertirse en productor de Allen desde el 2000 hasta 2004, de sus películas “Granujas de medio pelo”, “La maldición del escorpión de Jade”, “Un final hecho en Hollywood” y “Todo lo demás”.
Pero el público nacional, que ya lo había tachado de demasiado intelectual a mediados de los 80, le dio la espalda definitivamente cuando su divorcio de Mia Farrow se convirtió en un escándalo mediático. Al contrario que en Europa, las películas del director raramente son promocionadas como ‘la última comedia de Woody Allen’; su nombre se elimina de los grandes títulos y en su lugar se mencionan las estrellas que protagonizan el filme.
Antes de marchar a Londres, profesionalmente, cumplió su sueño de dirigir un musical que tenía lugar entre Nueva York, París y Venecia, “Everyone says I love you”, en 1997, y que ahora podríamos interpretar como un ensayo de su aventura europea. En 2005 dirigió “Match Point”, ya en la capital de Reino Unido, a la que siguen “Scoop” (2006), con Scarlett Johansson y Hugh Jackman y la que provisionalmente se llama “proyecto de verano de Woody Allen”, en la que participan Colin Farrell, Ewan McGregor y Tom Wilkinson.
Woody Allen es uno de los pocos cineastas que emigran de Estados Unidos por razones profesionales; en cine, el camino normalmente es el inverso, y son múltiples los cineastas de todo el mundo que como el taiwanés Ang Lee, el mexicano Alfonso Cuarón o el francés Michel Gondry abandonan sus países buscando la gloria de Hollywood. A nadie sorprende que incluso a Pedro Almodóvar, cuyo arte se asienta tan firmemente en su país de origen, se le pregunte constantemente cuándo dará su salto a América como si esto fuera una cita ineludible. Woody Allen es uno de los pocos directores a los que se les viene haciendo esta pregunta desde hace décadas en el sentido contrario.
Pero no es el único. Charles Chaplin, aunque británico de origen, fue uno de los pioneros del cine americano y uno de los primeros grandes directores en abandonar Estados Unidos. En su caso, los motivos fueron ideológicos, pues se le colocó en la lista negra de supuestos comunistas que se creó en la América de los años 50 bajo tutela del senador McCarthy. Otro inglés de nacimiento, que igualmente realizó el grueso de su obra en América para tener que abandonar el país en sus últimos años, fue Alfred Hitchcock. Sólo en Londres encontró la libertad artística necesaria para rodar su penúltimo filme “Frenesí”, el más escabroso de su filmografía. Pero no sólo estos británicos volvieron a su tierra como refugio. El americano Orson Welles también encontró cobijo en Londres cuando los estudios americanos se negaron a ceder a las exigencias del genio: sus últimas películas, más experimentales, las realizó entre Reino Unido, Francia y España.
Pero igual ocurre con cineastas vivos como Jim Jarmusch o Terry William, quienes a pesar de seguir teniendo en América sus escenarios naturales, no limitan sus producciones a un capital estadounidense que les forzarían a ceder ante los requerimientos de una industria que a veces asfixia el arte o exige réditos inmediatos. Jarmusch dirigió “Ghost Dog, el camino del samurai” con participación de capital francés, alemán, japonés y estadounidense, y “Flores rotas” estuvo coproducida por Francia y EE.UU. La última película de Terry Gilliam, “Tideland”, está producida entre Canadá y Reino Unido, mientras que “El secreto de los hermanos Grimm” es una coproducción checo-británica-americana y en su fallido “El Quijote” hubo participación española.