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El director argentino Alejandro Agresti da el salto a Hollywood siguiendo los pasos de autores latinoamericanos que recientemente lo han hecho. Se estrena en California con el drama metafísico “La casa del lago”, con Keanu Reeves y Sandra Bullock a su servicio.
A Alejandro Agresti lo conocimos es España, sobre todo, con su película de 1998 “El viento se llevó lo qué”. Desde entonces, casi todas sus películas se han estrenado en nuestro país, convirtiéndolo en un autor conocido y respetado, gracias a sus pequeñas comedias llenas de humanidad, como “Una noche con Sabrina Love” y “El sueño de Valentín”. En realidad Agresti debutó en España en 1987, cuando ganó el premio al mejor nuevo director en San Sebastián, con el drama “El amor es una mujer gorda”. Este clásico, que Agresti dirigió con poco más de 25 años, nos enfrentaba a un personaje habitual en su filmografía: el buscador algo desorientado. José es un joven periodista al que despiden por negarse a escribir un artículo sobre una compañía estadounidense que quiere hacer una película que exageraba negativamente la situación social en Argentina.
Desde entonces Agresti ha experimentado con varios géneros, desde el documental hasta lo fantástico, consiguiendo en la carrera un buen montón de galardones. Por tristes azares distributivos algunos de sus filmes no llegaron a estrenarse comercialmente, como “Boda secreta” (1988), “Luba” (1990) y “El acto en cuestión” (1993).
En 1996, sin embargo, cambió su fortuna. La producción argentino-holandesa “Buenos Aires Vice Versa” se convirtió en un gran éxito en su país de origen y un referente de aquel año para los festivales de Sudamérica y Europa. Consiguió, en 1998, los premios Condor de la crítica argentina al mejor guión y mejor montaje (de los que era responsable Agresti) además del premio a la mejor película y a la actriz revelación, para Vera Fogwill. “Buenos Aires Viceversa” es un deleite continuo gracias a los buenos y crudos diálogos que Agresti pone en boca de sus personajes y las buenas interpretaciones de sus actores. Además de estos premios, la película estuvo nominada a otros cuatro premios para sus intérpretes y al de mejor director. Se sumaron a estos una Mención Especial del Jurado del Festival de la Habana y el premio al mejor filme iberoamericano en el Festival de Cine de Mar del Plata.
“Buenos Aires Vice Versa” marcó además las líneas maestras por las que más tarde se desarrollaría la filmografía ‘agrestiana’: una mezcla sutil entre comedia y drama, y entre una áspera dureza y cierta ingenuidad.
Cuatro países participaron en la producción de un filme que rodó dos años después, “El viento se llevó lo que”. La participación financiera de Francia, España, Argentina y Holanda provocó una distribución más justa para este magnífico trabajo y un brillante reparto coral entre los que se contaban los argentinos Ulises Dumont, Vera Fogwill y Fabián Vena, la española Ángela Molina y el gran cómico francés Jean Rochefort (“El marido de la peluquera”). El propio título de la película es una broma sobre lo que se desarrolla en ella: “El tiempo se llevó lo qué” no es otra cosa que “Lo que el viento se llevó” desordenado. En un pequeño pueblo perdido en la Patagonia sus habitantes se han educado viendo cine; lamentablemente, los rollos de celuloide se desordenan en el largo trayecto hasta el corazón del desierto argentino, por lo que la educación sentimental de los protagonistas no distingue la lógica de la locura ni arriba de abajo.
Esta vez San Sebastián honró a Agresti con la Concha de Oro, a la que se sumarían el Tulipán de Oro de Estambul, el Hugo de Plata de Chicago y el Gran Coral de La Habana. Los reconocimientos de este tipo no le han faltado desde entonces a este relativamente joven director, que además cosechó el favor del público con la surrealista comedia “Una noche con Sabrina Love” y la no menos excéntrica “El sueño de Valentín”. Además de ser él mismo intérprete de algunas películas, contó con Cecilia Roth para dar vida a Sabrina Love y con Carmen Maura para el papel de abuela de Valentín.
Hollywood reclama ahora sus servicios para una película que necesita tanto de buenos sentimientos como de su gusto particular por las historias diferentes.