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“El caso Bourne”, dirigida por Doug Liman, abrió la trilogía con la historia de Jason Bourne. Un hombre amnésico que es rescatado del mar por un pesquero italiano. Además de su traje de buzo solo tiene encima las balas incrustadas en su espalda y un número de una cuenta suizo escrito en la cadera. No recuerda su nombre, qué hacía en el mar, ni quiénes son su familia... no sabe de dónde es. No recuerda nada de nada. Carece de identidad y de pasado.
Sin embargo, la pérdida de memoria se limita a sus recuerdos personales porque, en cambio, es capaz de registrar de forma inmediata la matrícula de todos los coches que están estacionados en el aparcamiento del café en el que ha parado para desayunar algo o, sin saber cómo, es consciente de que puede hablar a la perfección y sin ningún tipo de acento una variedad de lenguas entre las que está el francés, el ruso o el chino.
En una caja de seguridad de Zurich encuentra una colección de pasaportes, una suma considerable de dinero, un arma automática... un nombre, Jason Bourne, y una dirección en París. Ha dado un paso... y una pista a quienes quieren eliminarle definitivamente. Pronto se da cuenta de ello.
En la lucha, pronto lo descubrirá, no le va nada mal. Es experto en artes marciales, autodefensa y tiene los sentidos y los reflejos entrenados hasta la médula en la detección del peligro que acecha. En la huida cuenta con la ayuda de Marie, una chica alemana que acabará convirtiéndose en alguien muy importante para él.
Paul Greengrass fue el encargado de relevar a Liman en la continuación de la trilogía. La segunda entrega, ''El mito de Bourne'' retoma la historia del antiguo asesino a sueldo, eso parece tenerlo ya claro, dos años más tarde. Jason y Marie están de viaje por la India, completamente alejados de su pasado. Eso creen.
Sin embargo, quienes quieren ver muerto a Bourne saben seguir la pista que él, con tanto empeño, pretende borrar. Un pétreo asesino (Karl Urban) llega hasta su retiro de paz oriental para liquidar a la pareja. Sin embargo, el especialista Kirill (Karl Urban) no tiene en cuenta la fuerza y el ingenio que puede desarrollar un hombre desesperado. Se enfrentan en una emotiva secuencia bajo el agua que encandiló a muchos espectadores.
Este hecho destapa, de nuevo, ante la CIA y otras organizaciones que Bourne está vivo y que todavía puede encarar peleas. La CIA y otro grupo se pone en marcha para acabar con él. De nuevo empieza un periplo por media Europa escenificando de nuevo el juego del gato y el ratón.
De esta cinta destaca, sobre todo, el ritmo trepidante, que acompaña la música de John Powell y la fotografía en tonos grises de Oliver Wood .