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Babel Reportaje

Trilogías

Cartel de La luna de AvellanedaCon “Babel” se cierra una temática. Tres películas sobre un mismo tema o de un mismo carácter. Las historias no están relacionadas entre sí, los personajes no tienen continuación ni continuidad, no se entrelaza nada, son tres partes independientes que tratan un mismo género de forma separada.

No existen muchas trilogías de estas caracteristicas en la historia del cine, aunque podemos nombrar la de Juan José Campanella sobre el duro momento que vive Argentina. Está la del polaco Kieslowski, sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad, los tres colores de la bandera de Francia son los protagonistas, una influyente reformulación del cine “de autor” europeo contemporáneo. Está la de Park Chan-Wook sobre la venganza.

En Argentina hay un director que sobresale por encima de los demás y ese es Juan José Campanella. Hace no mucho se cerró su trilogía sobre Argentina, la familia, la crisis y la búsqueda de una identidad, con “Luna de Avellaneda”. Ésta empezó con ''El mismo amor, la misma lluvia'' donde nos hablaba de una persona y continuó con ''El hijo de la novia'', donde trataba una familia, y esta última se centró en una comunidad.

En ésta sí hay un punto en común aunque el dato carezca de importancia: Ricardo Darín protagoniza las tres partes y Eduardo Blanco aparece como el amigo secundario. La primera parte fue una compleja y rica fábula sobre las debilidades humanas, el paso del tiempo y el peso de su entorno, que no tuvo mucha trascendencia, lo demuestra el hecho de que llegara a nuestras pantallas después que “El hijo de la novia”, segunda parte y la que verdaderamente fue un éxito, gran historia sobre el amor por encima de la enfermedad, donde su protagonista sufre alzheimer. “Luna de Avellaneda”, la historia de un emblemático club de barrio que en la actualidad se encuentra inmerso en una crisis que pone en peligro su existencia. La única salida posible es que se convierta en un casino, nada más alejado de los ideales y de los fines de sus fundadores, aquí es donde surge el dilema moral.

En Corea destaca otro director, Park Chan-Wook. A su trilogía sobre la venganza le pasa algo parecido a la de Campanella. Su segunda parte, “Old Boy”, basada en un comic manga y ganadora en Sitges 2004, ha sido la que más éxito ha cosechado. Su primera parte fue “Sympathy for Mr. Vengeance” y el ciclo se cerró con “Sympathy for Lady Vengeance”. Las tres partes se consideran en sí un estudio sobre la venganza, en el que sus personajes se mueven por el sentimiento de imponer justicia por su cuenta, movidos por el odio y el rencor. Durísimos thrillers protagonizados por personajes desesperados aunque temáticamente son muy distintas entre sí.

Las tres películas de Chan-wook Park muestran tres miradas distintas del vengador, del rostro del causante del dolor: en Mr. Vengeance la fría y despiadada eficacia de quien emplea el dolor como un instrumento para obtener la venganza; en Oldboy estupor ante la inmensidad del dolor propio frente al dolor causado; en Lady Vengeance arrepentimiento al descubrir que la tortura nos acerca al monstruo que queremos destruir.

“Azul”, “Blanco” y “Rojo”, son las tres partes de Tres colores, la trilogía de Kieslowski. A pesar de que las películas son independientes entre sí, y no repiten actores en ninguna de ellas (aparentemente), es magnífica la idea del director de mantener esa individualidad de cada una de las tres historias, pero a su vez, intentar unir un poco a todos los personajes para conseguir un único elemento que será la trilogía. De esa manera el director consigue los beneficios de ambos formatos. Tienen además un aura doblemente fundacional y crepuscular. Son las primeras películas completamente “francesas” de Kieslowski; en gran medida, su presentación ante un público mayoritario al que deslumbra su intimismo neobarroco. Y están concebidas como lo que serán, la clausura de la carrera cinematográfica de su director, fallecido dos años después, como su testamento fílmico. Las tres interpretaciones femeninas que protagonizan cada parte son memorables, y la música también es esencial.



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