Paul Verhoeven realizó "Floris" (1969), la serie televisiva más popular de todos los tiempos en Holanda. El célebre y controvertido director se trasladó a Hollywood donde siguió teniendo éxito con largometrajes. Ahora, veinte años más tarde, Verhoeven retorna a Holanda con el thriller "El Libro Negro" que se estrena este viernes 2 de febrero.

-Tras veinte años, ¿le satisfacía realizar un film en Holanda de nuevo?

Por encima de todo, estaba encantado de tener la oportunidad de realizar un filme a partir de un guión que Gerard Soeteman y yo mismo estábamos trabajando de hacía veinte años. Durante mucho tiempo, no logramos que la historia funcionase. La idea básica era siempre la misma: Un grupo de judíos se veía traicionado y todos asesinados en el parque de Biesbosch; entonces, los principales personajes dan caza al traidor. Inicialmente, el papel protagonista era masculino. Y ello nos planteaba un problema: No se nos ocurría cómo hacer creíble la manera de infiltrarse en el alto mando alemán. Hace tres años, Gerard solucionó el rompecabezas: La protagonista tenía que ser una mujer. Entonces, todas las escenas que concebimos comenzaron a encajar súbitamente.

-¿Cómo nos describiría El Libro Negro?

Se trata de un thriller inspirado por hechos reales. Todas las líneas argumentales tienen su base en acontecimientos verídicos. La mayoría de los personajes se basan en personas reales.

-¿Llegó a existir el 'libro negro'?

Si, se refiere a la llamada "pequeña libreta negra," absolutamente. Se ha escrito mucho acerca de ello. Gerard tuvo la primera noticia de la misma en el libro "Moordenaarswerk," de Hans van Straten, que se publicó en la década de los 60. Inmediatamente pensó que sería un arranque excelente para un guión. La "pequeña libreta negra" era la agenda del Sr. De Boer, un abogado de La Haya que acabó con un disparo en la calle Goudenregen al acabar la guerra. Nunca se encontró a los asesinos. Durante la contienda, De Boer hacía de intermediario entre el alto mando alemán de La Haya y la Resistencia con el objetivo de impedir el derramamiento de sangre innecesario. La Resistencia asesinaba gente, y los alemanes procedían a la correspondiente venganza fusilando a rehenes en la calle. Cuando tenía seis años, se me obligaba a pasar ante esos cuerpos. La agenda negra de De Boer, que probablemente contenía nombres de traidores y colaboracionistas situados incluso en las más altas instancias, jamás se halló.

-¿Cómo procedió en la elección de los protagonistas?

Carice y Halina son profesionales de gran talento y absolutamente dedicadas. Poseen una gran capacidad e intuición, lo que es sumamente necesario cuando se trata de encarnar realmente a alguien que vivió hace 50 años. Asimismo, son muy atractivas y carismáticas, y tienen una personalidad fuerte. Dada la mayor introversión de Carice, el papel de Rachel era más adecuado para ella. La extroversión de Halina la hacía idónea para dar vida a Ronnie. Está llena de energía y capacidad de contagiar ánimo a Rachel. Carice y Halina constituyen una combinación extraordinaria. Hicimos la prueba a treinta actrices para esos dos papeles, todas seleccionadas por los directores de reparto Hans Kemna y Job Gosschalk, sin embargo las dos actrices sobresalían claramente sobre las demás. Lo supe en quince minutos. Y para refrendarlo, traje a colación el Becerro de Oro de Carice por "Mixina" (Minoes, 2001).

-El hecho de volver a trabajar en Holanda, ¿ha implicado algunas desventajas?

Bueno, yo no lo denominaría desventajas, pero en el contexto holandés, "El Libro Negro" es una producción enorme y de gran complejidad. En Holanda no hay mucha experiencia en este tipo de producción a gran escala, y ello puede significar un contratiempo.

-¿No consideró la posibilidad de contratar a norteamericanos experimentados?

No, quería que los holandeses cobraran experiencia, así el film también tendría valor social. Cuando Joris Ivens realizó un film en China, se hizo con un equipo del país "para que también sacaran algo de provecho de todo aquello: 'Sólo estaré aquí seis meses, pero aprenderán una cosa o dos mientras tanto.'" Creo que eso fue un gesto noble, y siempre lo he recordado. Ahora que se me presentaba la ocasión, quería hacer algo similar. En 1995, se editaron dos sellos especiales para celebrar el Año del Cine: Uno presentaba una escena de "Delicias turcas"; el otro, una imagen de Joris Ivens. Y ahora, estoy resiguiendo sus pasos. Gerard y yo disponemos de unos cuantos argumentos apasionantes acerca de Ivens. Gerard le odia por sus simpatías comunistas y las imágenes falsas de su persona, pero aún así soy un gran admirador de él. Ivens ha realizado algunas películas maravillosas.