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La trilogía que se completa en 2006, con “X-men: la decisión final”, es una de las más repletas de anécdotas y curiosidades. Esto se debe, en parte, a la atención que los guionistas y el primer director de la serie prestaron a los cómics, llenando las adaptaciones cinematográficas de guiños a los originales.
Pero obviamente hay también muchas historias detrás de la pantalla, que surgen de cualquier producción, y que crean rumores mucho antes del estreno de los filmes más esperados. Si bien las dos primeras partes de la saga se pusieron en marcha gracias al director Bryan Singer, su negativa a dirigir la tercera parte fue de las cuestiones más comentadas respecto a la serie. Synger rechazó la oferta para dirigir “Superman Returns”, cambiando el puesto con el que finalmente sería el director de “X-men 3”, Brett Ratner. Pero con Singer se marcharon el compositor y editor John Ottman, el responsable de fotografía Newton Thomas Sigel, los guionistas Mike Dougherty y Dan Harris, y el diseñador de producción Guy Dyas. Singer ha repetido en sucesivas entrevistas que le hubiera encantado hacerse cargo de la tercera parte de “X-men”, después de rodar “Superman”, pero que 20th Century Fox eligió continuar sin él. Otro de los fichajes que causó problemas a los responsables de la “X-men 3” fue Hugh Jackman, que interpreta a Lobezno, pues éste no apalabró su participación en el film hasta que se le garantizó la creación de una película con su personaje como único protagonista.
Los anales del cine están llenos de historias sobre cómo hubiera sido una película con un actor en lugar de otro. Jackman era esencial para el papel de Lobezno tras dos películas, pero Singer mantuvo conversaciones sobre el personaje con Mel Gibson, Russell Crowe y Edward Norton, mientras que la productora mostró su interés por Keanu Reeves. También Viggo Mortensen fue tenido en cuenta, pero fue Dougray Scott el primer actor al que le ofrecieron seriamente interpretar a Lobezno; éste lo rechazó para convertirse en el villano de “Mission: Impossible II”. Igualmente ocurre con Cíclope, para quien se pensó en James Caviezel antes de que James Marsden se hiciera con el papel, o con Rogue / Pícara, personaje que fue ofrecido a Natalie Portman y a Sarah Michelle Gellar antes de que Anna Paquin le pusiese su rostro. El primer mutante al que se le asignó un papel definitivo para la serie fue el profesor Charles Xavier, interpretado por Patrick Stewart.
Ni Stewart, ni el actor que da vida a su némesis (Magneto), Ian McKellen, saben jugar al ajedrez, aunque en la primera película aparezcan practicando el juego. Ninguno de los dos se entrenó para este fingimiento, aunque otros actores tuvieran que prepararse de distintas maneras para el rodaje. Hugh Jackman, por ejemplo, debió entrenarse para manejar las garras que salen de los nudillos de Lobezno; para las escenas de lucha de la segunda entrega, contó con la ayuda del que fue entrenador de Angelina Jolie en “Lara Croft” (2001). A pesar del entrenamiento, y de contar con cuatro dobles de acción, Jackman sufrió un accidente durante el rodaje de la primera película, cuando quedó enganchado de un arnés, al saltar del set de la Estatua de la Libertad. Otros de los intérpretes más sufridos fueron Rebecca Romijn y Alan Cumming, que para dar vida a Mística y Nightcrawler pasaban entre cinco y diez horas en maquillaje; cuando Romijn aparecía de cuerpo entero, estaba cubierta de prótesis en un 60%. James Marsden también tuvo que usar prótesis, aunque más cómodas: debía calzar plataformas, puesto que su personaje (Cíclope) es más alto que Lobezno, pero él es ligeramente más bajo que Jackman.
La fidelidad al cómic es, precisamente, uno de los aspectos que sus fans más han agradecido a Singer, a pesar de accidentes como el hecho de que Halle Berry accediese a poner acento africano (para el rol de Tormenta) en la primera parte de la serie, pero no en las siguientes. La buena relación entre el cómic y la película se ve en la aparición de Stan Lee, creador de los personajes, en la escena en que el senador Kelly (Bruce Davidson) sale del agua en “X-men” (cerca de un puesto de perritos calientes).