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Scoop Reportaje

Allen, el payaso que llora por dentro

Woody AllenWoody Allen vuelve a la comedia con “Scoop” y la crítica estadounidense la ha recibido con uñas y dientes. Tras “Match Point”, han dicho que Woody Allen debería haber vuelto a Estados Unidos y quedarse en el drama.

Las tornas se han vuelto y paradójicamente los mismos que antes pedían al director que se dejase de grandes ínfulas trágicas insinúan ahora que su comedia está gastada. Woody Allen tiene lo mejor y lo peor de los autores: su forma de hacer cine es extremadamente personal pero al mismo tiempo resulta reiterativa.

Allen, nacido el 1 de diciembre de 1935, comenzó su carrera siendo todavía un adolescente escribiendo chistes para cómicos reconocidos, igual que hacen los protagonistas masculinos de su película “Todo lo demás” (2003). Entrado en la veintena daría el gran salto y comenzaría a interpretar sus propios textos creando el personaje neurótico y asustadizo con el que la mayor parte del público le relaciona. Desde el principio, la carrera de Allen ha estado ligada a la comedia y al humor, que él contribuyó a reformar: con sus monólogos arremetía contra cualquier tabú, incluyendo en sus humorosas diatribas infinidad de citas cultas, referencias a los filósofos nórdicos y a los textos sagrados.

Su primer trabajo en el cine lo realizó como guionista y actor para la película “What’s up, Pussycat?” en 1965, una comedia paradigma del humor pop de los años sesenta. El chico tenía un don para hacer reír, pero los temas que trataba dejaban entrever a un hombre preocupado por asuntos serios: nadie como Allen ha conseguido hacernos carcajear sobre la muerte, el cáncer, la ceguera, el asesinato, la angustia existencial, el divorcio y cualquier otro trauma del hombre contemporáneo.

“Annie Hall” rompió de golpe, en 1977, con la carrera de un cineasta especializado hasta el momento en el humor físico a base de gags relativamente sencillos, como en “El dormilón” o “Bananas”, aunque ambas tuviesen un fondo crítico contra el fascismo. El filme fue una revolución que marcaría profundamente a los cineastas posteriores, y que nos descubriría al mejor Allen, considerado desde entonces un autor en Europa y un virtuoso único en tratar los temas más dolorosos con una gran habilidad cómica pero también con sagacidad psicológica. La película, que narra las idas y venidas sentimentales de un hombre y una mujer, consiguió los Oscar al mejor guión, dirección y actriz protagonista (Diane Keaton). Tras esta película Allen continuaría escarbando en las miserias del ser humano, con mejor fortuna cuando contrastaba tragedia y humor y un mal recibimiento crítico cuando se quedaba en la parte dramática.

“Interiores”, rodada el año siguiente a “Annie Hall” y antes que un filme similar e igualmente magistral, “Manhattan”, fue terriblemente recibida por crítica y público. Igual le ocurriría con otras películas en las que no insinuaba ni un ápice de humor, como “Septiembre” u “Otra mujer” (de 1987 y 1988). El propio director reflexionó tempranamente sobre el tema en la fantástica “Stardust memories” (1985), donde interpreta a un director de cine al que un festival rinde homenaje: fans y críticos se le acercan constantemente para decirle que sus películas antiguas, las cómicas, eran mejores.

Y es que aunque algunas de sus comedias recientes carezcan del fondo o riesgo visual de obras maestras como “Hannah y sus hermanas”, “Maridos y mujeres” o “Desmontando a Harry”, Allen ha dado lo mejor de sí mismo haciéndonos reír, a su pesar y aunque prefiriese que su filmografía fuese la de Ingmar Bergman.

“Scoop” llega tras una serie de comedias relativamente poco importantes y el arrasador éxito crítico de su operístico drama “Match Point”. No deja de ser irónico que ahora se le pidan dramas; pero los críticos demuestran la poca lucidez habitual al dejar de apreciar la dificultad añadida, y la consecuente profundidad visionaria, de tratar la tragedia de nuestra existencia con una risotada final.



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