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Nieta de Carmine Coppola, hija de Francis Ford Coppola y prima de Nicolas Cage, Sofía Coppola contribuyó en 2004 a que su familia se convirtiese en la tercera de Hollywood en ganar el premio Oscar por tres generaciones consecutivas. “Lost in translation” le proporcionó el Oscar al mejor guión original, además de convertirla en la primera mujer estadounidense en estar nominada como mejor directora.
Antes que ella, sólo la neozelandesa Jane Campion y la italiana Linda Wetmüller fueron las únicas en conseguir la preciada nominación, aunque tampoco ganaron la estatuilla. Pero Sofía demostró que aunque su apellido pudiera haberle abierto las puertas de Hollywood (unas puertas que nunca se han cerrado para los Coppola) tiene talento de sobra como para hacer valer también su nombre propio.
Sofía Coppola nunca ha renegado de su apellido, ni se ha mostrado melindrosa quejándose de las dificultades de hacer carrera con unos referentes familiares tan importantes. Al contrario, ha sabido aprovechar el patrimonio familiar a la vez que demostraba saber cuál era su lugar. Sofía debutó en el cine como un bebé en la primera parte de “El Padrino”, que dirigiera su padre en 1972. Cuando en 1990 reemplazó a Winona Ryder en el papel de Mary Corleone, en “El Padrino III”, las críticas arreciaron contra su supuesta mala actuación y el mal tino de su padre al elegirla como intérprete. Sofía prometió no volver a actuar, una promesa que sólo cumplió a media: aunque es posible encontrarla en algunos filmes posteriores a 1990, incluyendo “La amenaza fantasma” de George Lucas, sus trabajos han sido sólo pequeñas aportaciones debidas sobre todo a su amistad con los realizadores.
Mucha más suerte, o talento, ha tenido como guionista y realizadora. Sofía Coppola escribió su primer guión cuando tenía 18 años, el cortometraje “Life without Zoe” que su padre dirigió para la película “Historias de Nueva York” (1989), junto a una pieza de Woody Allen y otra de Martin Scorsese. “Life without Zoe” tiene ya todos los rasgos que hasta el momento han caracterizado la obra de Sofía Coppola, desde su debut en el largometraje con “Las vírgenes suicidas” (en 1999) hasta su último trabajo “María Antonieta”, estrenado en Cannes en 2006. “Life without Zoe” está protagonizada por una niña algo enigmática perdida en la gran ciudad: Sofía Coppola volverá, con actrices como Kirsten Dunst (“Las vírgenes suicidas”, “María Antonieta”) y Scarlett Johansson (“Lost in translation”) a protagonistas femeninas que, aunque mujeres, mantienen un cierto halo infantil tanto en su rostro como en la construcción de su psicología. Como si fueran infantes, las protagonistas de Coppola parecen en principio víctimas de una realidad que no controlan y que las anula aunque, igual que algunos niños, encuentran la forma de hacerse valer aunque sea de un modo aparentemente pasivo.
Después de la familia Lisbon, cuyas hijas se suicidan una tras otra, y de la joven Charlotte, abandonada en Tokio por el hombre al que ama, llega a nuestras pantallas la reina “María Antonieta”, última monarca francesa, retratada por Coppola en sus primeros años de reinado. Obligada a casarse con Luis XVI cuando tenía 15 años, estuvo siempre en el punto de mira de una Corte deslenguada y reacia a la nueva reina francesa, mientras no conseguía dar al Rey los hijos que todos esperaban que tuviese. Kirsten Dunst retrata a una reina algo infantil que se escuda de la violencia cortesana con fiestas y lujo a los que la directora ha dado ritmo de vídeo clip. La película participó en la Sección Oficial del Festival de Cine de Cannes, donde fue ovacionada y criticada a partes iguales.
¿Puede interpretarse en esta reina una imagen borrosa de la niña Sofía Coppola, que a pesar de haberlo tenido todo ha debido luchar para alcanzar su propia autonomía? No se entiende de otro modo que intente enmendar la figura de una reina que, se dice, sugirió que el vulgo francés comiese pastel cuando se le dijo que no tenían pan que llevarse a la boca. Tal vez la nueva Coppola hable de sí misma en esta película, aunque si es así demuestra un gran sentido del humor y una capacidad enorme para parodiarse a sí misma. Hoy, Sofía Coppola, que además de tener una exitosa marca de ropa produce sus propios filmes, es una de las nuevas reinas de Hollywood.