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El personaje literario de Thomas Harris y sus reflejos cinematográficos van prácticamente unidos. Sin embargo, en contra de lo que la mayor parte del público piensa, el primer Hannibal no fue el del “El silencio de los inocentes” publicado en 1988 y que se convirtió en un fenómeno del celuloide en 1999 con “El silencio de los corderos” de Jonathan Demme. La primera ocasión que Hannibal apareció en el cine lo hizo como secundario en la cinta “Hunter” (1986) de Michael Mann y lo interpretó Brian Cox. Ésta recreaba la historia que Harris desarrolló en “Dragón rojo” (1981) y en la que Lecter es colabora con el agente William Graham. Al igual que repetirá en “El silencio de los inocentes”, desarrollará el perfil de un asesino que mata a familias completas. La personalidad de Lecter, ambigua, permitirá que el asesino apodado por la prensa amarilla como “El hada de los dientes” y que en la vida real responde al nombre de Francis Dolarhyde, acabará persiguiendo a la familia de Graham y al propio agente.
La segunda entrega, donde se explota en toda su extensión la potente personalidad de Lecter es la más famosa: “El silencio de los inocentes” que, en su versión cinematográfica lleva el nombre de “El silencio de los corderos” y que interpretaron con magistral talento Anthony Hopkins y Jodie Foster dirigidos por Jonathan Demme. Esta película fue una de las más taquilleras de 1991 y se llevó los cinco Oscar principales de la edición de 1992: mejor película, mejor dirección, mejor guión adaptado, mejor actor y mejor actriz. Conseguir esta quiniela es triunfar con mayúsculas y pasar a engrosar los títulos de leyenda y culto.
Si “Hunter”, sin ser una obra maestra, entra dentro del circuito del cine de culto; “El silencio de los corderos”, más popular, es un filme para coleccionar y ver y repasar por sus magistrales soluciones escénicas. Es un thriller psicológico apoteósco hasta el final... y en esto hay que darle las gracias al creador de la criatura. Thomas Harris escribe sus novelas prácticamente adaptadas al cine y la labor de transformarlas en guión es, así, más sencilla... y arriesgada. A veces lo aparentemente fácil se convierte en un delirio si no se escogen bien las soluciones.
La última entrega: “Hannibal” vuelve a reunir, diez años después a Clarice Starling y a Lecter. Ella ya no es una estudiante especialista en trastornos de la personalidad del FBI y él disfruta de una libertad de fugitivo en Florencia. En un país a caballo entre su brillante pasado histórico, su culto refinamiento y la superstición encuentra el lugar perfecto para pasar desapercibido... hasta que es localizado por un policía italiano cuya ambición es hacerse con la recompensa que el millonario Mason Verger, una de las dos únicas víctimas de Lecter que han logrado sobrevivir, ha publicado en internet poniendo precio a su cabeza.
Es la entrega más dura y sangrienta del asesino y acaba fijando una relación de sensualidad exenta de tacto directo con una Clarice muy alejada ya de sus ideales morales. La agente ha sufrido las consecuencias de la discriminación laboral y del acoso sexual y está deseosa de dar lecciones a aquellos que la han despreciado.