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Secuela de la exitosa “28 días después” que se ha encargado de dirigir el español Juan Carlos Fresnadillo. El tinerfeño dejó boquiabiertos a la crítica y al público con su “Intacto” con lo que se colocó, todo el mundo lo comentó en su momento, el listón muy alto. Era su opera prima y semejante trabajo era muy difícil de igualar.
Sin embargo, su solvencia como director le ha abierto las fronteras de la creación cinematográfica y ha asumido, ni más ni menos, que el guión y la dirección de la secuela de un gran éxito.
“28 semanas después” es un proyecto de altura que ha sido concebido para rendir en taquilla y contar con buenas críticas. En el proyecto se han embarcado, entre otros, nombres de peso como Andrew Macdonald, Allon Reich, Danny Boyle y Alex Garland. Fresnadillo, se puede decir, está apadrinado por nombres que tienen un peso específico en el panorama cinematográfico y que no están acostumbrados a “pinchazos”. Antes de embarcarse en un proyecto asumen cuidadosamente los pros y los contras y… aunque esto del cine no es una ciencia exacta y nunca se sabe qué pasará a continuación, sobre todo, porque crear expectativas es una manera de augurarse un desembarco complicado, es cierto que los avales también pesan y Fresnadillo, en esta ocasión, los tiene potentes.
En “28 semanas después” el virus que asoló el Reino Unido parece haber remitido… pero la bestia negra que supone un microorganismo y las consecuencias devastadoras que puede llegar a ocasionar se esconde en uno de los personajes logrando desencadenar un nuevo desastre. Una de las características más particulares, interesantes y aterradoras de los virus es que son capaces de mutar creando cepas que son inmunes a los remedios que dieron resultado en la aniquilación de su primera manifestación y causando estragos hasta que se da con un nuevo remedio.
Es lo que ocurre en esta nueva versión del mismo virus… pero diferente, que vuelve a campar por sus respetos en los cuerpos de los ciudadanos británicos que regresan a su hogar convencidos de que el peligro ya ha pasado y que tienen que ocuparse de reconstruir un país destrozado, desmotivado y, sobre todo, con la moral por los suelos.
Han transcurrido seis meses desde aquella lucha encarnizada por la supervivencia y que dejó tras de sí un reguero de muertes y destrucción, pero la pesadilla se repite en una espiral de angustia que puede que convierta en hipocondríaco a más de un espectador.