Tras el éxito de "Los chicos del coro", este viernes llega a las salas españolas la novena pelÃcula como director de Gérard Jugnot, donde comparte protagonismo con Gérard Depardieu. El actor y director comenta en esta entrevista su doble trabajo en el proyecto, el propósito y desarrollo del filme y sus cambios personales.
-¿De dónde surgió la idea de hacer "Tenemos un problema gordo"?
La idea me la dio Jean-Pierre Guérin, que ha producido conmigo la pelÃcula. Al principio, él querÃa que yo interpretase el papel de Boudu, pero le dije: "no, no es para mÃ. Soy demasiado educado...". Fue justo después de hacer "Volpone", de Frédéric Auburtin, con Gérard Depardieu, para la televisión. El rodaje habÃa ido muy bien y yo me habÃa quedado impresionado por la fuerza interpretativa de Gérard. Asà que le dije a Jean-Pierre Guérin: "Nadie puede hacer de Boudu como Depardieu", y ahà lo dejamos. Poco después, empecé a escribir el guión de "Asterix 3", que Claude Berri me habÃa confiado, pero el proyecto no salió adelante. Entonces fue cuando mi viejo compañero de aventuras Philippe Lopes Curval, al que Jean-Pierre Guérin le habÃa encargado una primera adaptación de "Tenemos un problema gordo", me pidió que me leyera su trabajo. Me pareció muy interesante. Asà que volvà a ver a Jean-Pierre y le sugerà que yo podrÃa reescribir el guión y hacer "Tenemos un problema gordo" con Gérard Depardieu.
-¿Cómo compararÃas tu versión con la obra original de René Fauchois y con la pelÃcula de Jean Renoir protagonizada por Michel Simon?
Elegà deliberadamente no tenerlas en cuenta. No me leà la obra ni volvà a ver la pelÃcula de Renoir. La habÃa visto de joven, hace unos treinta años. No querÃa hacer un remake, querÃa una versión nueva. De hecho, sólo hemos conservado el tema principal del filme: ¿qué sucede cuando un personaje que es a la vez anárquico y poético aparece en un mundo burgués? Asà que lo que hicimos fue trabajar sobre la versión de Philippe para transformarla y acercarla más a mi estilo. Para las pelÃculas que dirijo, necesito llegar hasta las raÃces de la idea y tener el deseo de desarrollarla. Esta vez se parece más a un hijo adoptado y, como pasa a menudo con la adopción (gracias a la buena relación que nos une con Philippe Lopes), el parecido del niño con el padre es evidente. Ahora que he visto el resultado final, creo que tiene la melodÃa que me gusta darles a mis pelÃculas.
-Dos semanas después de empezar el rodaje, Gérard Depardieu tuvo un accidente de moto que le dejó con una doble fractura abierta en la pierna. ¿Cómo reaccionaste cuando te enteraste de la noticia?
Estaba en maquillaje cuando me lo dijeron. Obviamente fue un shock, pero extrañamente me mantuve bastante sereno. Creo que fue sobre todo por el magnÃfico equipo que me rodeaba. En ningún momento pensamos en rendirnos. Nos adaptamos con calma a la situación. Mi ayudante, Hervé Ruet, se pasó tres noches sin dormir para rehacer el plan de trabajo. Lo convirtió en un "Simon Says": Depardieu acostado, Depardieu sentado, Depardieu de pie, Depardieu sin moverse, etc. Y Gérard, que tiene una excepcional fuerza de voluntad y no soporta no hacerlo lo mejor que puede, me dijo a las dos semanas: "Todo está arreglado. ¡Ya no me duele!" Intentó que el accidente no se convirtiera en una molestia para nosotros, aunque claramente le dolÃa. En cualquier caso, no me podÃa imaginar hacer la pelÃcula sin él.
-Cuando Boudu se va al final de la pelÃcula, dice: "Soy como el viento, un viento salvaje...". Ãsa podrÃa ser una buena definición para Gérard Depardieu...
Hay muchas cosas del personaje que se corresponden con Gérard, y eso es lo que encuentro genial. No cierra la puerta del lavabo, va por ahà desnudo, es un exhibicionista, a veces se tira pedos... y a la vez es totalmente encantador y distinguido. En las últimas escenas de la pelÃcula, lo hace formidablemente. Gérard le dio al personaje de Boudu una dimensión genial. No actúa como un capullo absoluto como lo hizo Michel Simon, si no recuerdo mal, que retrató a un personaje muy duro, anárquico, mezquino y agresivo. Gérard es un viento salvaje que te ayuda. Un "soplo de Siroco", si tomamos prestado el tÃtulo de un film en el que actué.
-¿Cómo te las arreglas para estar a ambos lados de la cámara?
Realmente no es un problema. Al contrario: me gusta, teniendo en cuenta que mi papel es una continuación de mi trabajo como director. Por ejemplo, aunque me puedo imaginar haciendo de Boudu en la pelÃcula de otro, hubiese sido imposible hacerlo en la mÃa. Es un personaje inconsistente, marginal y excéntrico que es "incompatible" con el estado de ánimo que necesitas para dirigir. En cambio, con Christian, el personaje crucial de esta historia, que carga con toda la ansiedad mientras intenta buscar una solución, puedo aprovechar mi cansancio como director.
-¿Hay algún conflicto interno entre actor y director?
Bueno, me puedo enfadar con el actor cuando no se sabe bien sus diálogos, pero generalmente todo va muy bien. Esta función dual incluso me divierte. Y no me puedo imaginar rechazando el placer de trabajar con Gérard, Catherine, Constance y los demás... Dicho esto, también estoy muy contento de actuar en las pelÃculas de otros. Son dos placeres muy diferentes.
-"Tenemos un problema gordo" es la novena pelÃcula que diriges. ¿En qué has cambiado desde que empezaste a hacer pelÃculas?
Es difÃcil y peligroso hablar del propio trabajo. No obstante, creo que esta pelÃcula es más irreverente, más amoral y mucho menos clásica de lo que era Pinot simple flic. Hay mucha locura en Tenemos un problema gordo, y lo que me gusta es que la locura es total. La humanidad está ahà para limar las asperezas. Llegó un momento en el que temÃa que la pelÃcula no tuviera suficiente emoción, cosa que es esencial para mÃ, y cada vez más, a medida que voy envejeciendo. Eso es lo que hace tan buena a la comedia italiana: te rÃes y a la vez te emociona toda la humanidad que exhala. En las entrevistas me reitero en que la risa está ahà para suavizar el drama y el drama le da un poco más de peso a la risa. Sentà que el equilibrio se me escapaba. Ahora he visto la pelÃcula terminada y no creo que sea el caso. Cuanto más progresa la historia, más emociones impregnan la risa.
-¿Cómo resumirÃas en pocas palabras lo que querÃas transmitirle al público con esta pelÃcula?
Me es muy difÃcil contestar a esa pregunta. Eso es lo que hace nuestro trabajo tan misterioso: escribimos cosas en las que creemos y que nos hacen reÃr sin saber exactamente lo que queremos transmitir. De alguna manera no ha sido hasta ahora cuando he empezado a entender realmente la pelÃcula, cuando se la muestro a la gente, tomo parte en debates y hablo con periodistas. La gente dice cosas que me hacen reaccionar: "¡Ah, pues de eso no me habÃa dado cuenta!". Para mÃ, mis pelÃculas son una manera de explorar lo que hay en mi cabeza, eso incluye lo que siento tras terminar el proyecto, en especial cuando empieza la promoción fuera de la ciudad: la pelÃcula empieza a pertenecer a otra gente que lo entenderá a su manera y que extraerá un significado que no tengo por qué haber visto al hacerla. Es un momento muy importante, como un divertido psicoanálisis poco ortodoxo. Aun asÃ, no veo nunca mis pelÃculas después de eso.
